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OTRA BATALLA EN BOLÍVAR

Los rumores cada vez más persistentes de que el Eln está enviando refuerzos de diferentes frentes hacia la serranía de San Lucas hacen temer una batalla de grandes dimensiones en el sur de Bolívar.

18 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Ya lo advirtió el alcalde de Morales, Loer Díaz Díaz, que reclamó con urgencia la presencia de más efectivos del Ejército para reforzar a las tropas acantonadas allí ante la presencia de más de 400 guerrilleros en su zona.

Los cerca de siete mil campesinos que habitan en la región van y vienen de sus parcelas de acuerdo con el rigor de los combates. Hace solo dos semanas las 400 familias que estaban refugiadas en el Colegio Departamental de Morales regresaron a sus parcelas porque ya no tenían nada que comer, pero nuevamente se alistan para huir y no saben hacia dónde.

En esta zona del país la guerra no les es extraña a sus habitantes. Desde septiembre viven la zozobra diaria. Los paramilitares de las Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá entraron a disputarles a los guerrilleros metro a metro la serranía.

San Pablo, Simití, Tiquisios y Morales han padecido los rigores de esa guerra que no es de ellos. En medio de las batallas que se dan desde hace cerca de cuatro meses, sus casas han sido quemadas, sus campesinos asesinados por guerrilleros y paramilitares y otros han sido desterrados.

Desde hace veinte días, sin embargo, la guerra en el sur de Bolívar se acalló. Cerca de tres semanas llevaban sin combatir los dos bandos, después de lo ocurrido el 6 de noviembre en Micoahumado, cuando un comando paramilitar arribó en sus lanchas y arrasó el caserío. Diecisiete días deambularon algunos campesinos por entre el monte.

El terror volvió Todo indica que lejos de calmarse la guerra, esta parece que se intensificará.

El comandante de la Segunda División del Ejército, general Gabriel Contreras Ochoa, responsabilizó a los paramilitares de la masacre de siete personas ocurrida hace dos días en los poblados La Chapetona, en El Peñón, y Playitas, en San Martín de Loba.

Dijo que los hombres de Carlos Castaño han asesinado en las últimas semanas a 30 campesinos en esa región.

Además, pobladores y autoridades civiles advierten que tiende a complicarse la situación en Río Viejo, Regidor y El Pinal. En ninguna de esas poblaciones hay presencia de la Fuerza Pública.

En este momento mil familias que huyen de Morales y Río Viejo están refugiadas en Aguachica y La Gaira, en Cesar.

Sentada en un taburete viejo, Carmen Santana carga a uno de sus cinco hijos con quienes espera el regreso de su esposo de la serranía de San Lucas, desde donde solo soplan rumores de guerra.

Carmen y sus pequeños hacen parte de las siete mil personas desterradas del sur de Bolque viven al vaivén de los combates.

En su rostro curtido por el sol y largas horas de trabajo se percibe el desconcierto de esta mujer, de unos 40 años, que contra su voluntad dejó ir a su compañero para que le fuera a dar un vistazo al rancho.

Ella, como los otros campesinos, está pendiente de lo que pueda ocurrir entre los guerrilleros y los paramilitares porque no sabe si de día o de noche le toca coger a sus hijos y salir corriendo cuando el silbido de las balas pase nuevamente cerca.

Es mejor el refugio que la muerte La Defensoría del Pueblo Regional Magdalena medio dice que las muertes se iniciaron el 25 de octubre, con el asesinato de diez personas en una vereda de Río Viejo.

Según el defensor, Julio César Ardila Torres, después siguieron en Altos del Rosario y Sudán. Se estima que unos 25 campesinos han muerto en esta guerra.

A raíz de las matanzas comenzaron los desplazamientos, principalmente hacia las cabeceras municipales de Río Viejo, donde existen 3.000 desterrados; Barranco de Loba, donde hay 250; Tiquisio, 1.000; San Pablo, 600, y Morales, 800, de ellos 400 regresaron a sus parcelas.

La gente considera necesario quedarse en donde está, pues tiene temor de volver a sus casas. Otros no pueden volver porque sus viviendas fueron quemadas. Hay corregimientos totalmente destruidos, a los que difícilmente la gente puede volver a desarrollar cualquier clase de vida , dice el defensor del Pueblo regional, que hizo parte de una comisión verificadora que recorrió la zona en noviembre pasado para brindar ayuda a los desplazados.

Foto LAS CONDICIONES de los albergues dispuestos en diferentes poblaciones para los campesinos no son las mejores, pero ellos prefieren quedarse aquí que morir en el monte.

Foto de Hernando Flórez