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OREJAS Y RABO PAR BONILLA

Víctor Bonilla jugará conmigo de nueve. Sus condiciones lo llevarán a triunfar y ser goleador , dijo Reynaldo Rueda en el momento de asumir como técnico del Deportivo Cali.

18 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Rueda ya no está, pero desde ese momento, Bonilla adquirió confianza hasta convertirse hoy, después de 48 partidos, en el hombre del botín de oro del 98 con 37 goles.

Las cosas para mí no han sido fáciles , dijo con una sonrisa. Un técnico, el peruano Miguel Company, un día me incluyó en un segundo tiempo y de un momento a otro, tres o cuatro minutos más tarde, ordenó mi salida. Eso me dolió, pero me dio fuerzas para seguir luchando. Creo que hasta lloré .

El hombre continúa imbuido en sus recuerdos. Otro día, también me enviaron a jugar de lateral derecho. No sabían en qué posición ubicarme. Y lógico, en esa época apenas estaba despegando como futbolista y aceptaba las órdenes sin decir nada , decía y miraba al frente tratando de dejar todo aquello en un pasado no muy lejano.

Pocas personas creyeron en el momento que dije que iba hacer 35 goles. Ya estoy en 37. Por ahí, me dijeron que Pedro Cabillón, un delantero argentino que estuvo en Millonarios, en la época de El Dorado, hizo 42. Bueno, no sé lo que va a ocurrir este domingo, pero mi intención es seguir de largo , dijo y volvió a sonreír.

Bonilla, en el campo, es elegante, sutil y habilidoso. Sus goles, en la mayoría de ocasiones, terminan en un toque suave.

Uno a uno Ayer, en Pance, en la concentración de Cali, Bonilla regresó a la noche clara del miércoles, la noche de sus tres goles, en el 4-0 final de Cali contra Caldas.

El primero fue un cobro de tiro de esquina. John Wílmer le pegó, la pelota cayó al área, no sé si Zapata la bajó o le pegó en el estómago a Weimar Villegas y en ese momento me quedó para la pierna izquierda y le pegué con el alma , esa fue la radiografía de quien puso a temblar el Pascual Guerrero.

La afición estalló enloquecida: Bonilla, Bonilla, Bonilla , gritaba la multitud. Y él, en ese instante, levantó los brazos.

La piel se me puso de gallina en ese momento. Sentí una emoción enorme al escuchar en la tribuna mi apellido, mientras corría a celebrar. No sé ni qué pensé, esa es la verdad , dijo.

Ese gol, sin duda, acabó con el Once...

No sé, pero eso de irse en desventaja en el momento que uno trata de acomodarse en la cancha es complicado. Creo que ellos no pudieron con la historia.

Quiere que hablemos de su segunda anotación? Fue un balón que me dio Mayer le brillan los ojos. Sí, Mayer me lo alargó. Enganché y dejé a Foronda y le pegué con la pierna derecha. Con el borde, no se le olvide .

Así fue. Iban 11 minutos y el Cali ya estaba en el marcador, 2-0. Aquella jugada fue la más limpia, la más brillante de los tres goles que convirtió Bonilla por la concepción, la realización y el final en la noche del miércoles 16 de diciembre de 1998.

Candelo salió con un balón dominado cerca de su área, observó cómo se movía Betancourt, quien con un zapatazo buscó el pique al claro de Bonilla, quien a esa altura del partido ya parecía adivinar las reacciones de la defensa que tenía enfrente. Por eso llegó solo, dominando con pierna derecha. Henao salió al achique y la maniobra terminó cuando el balón descansó en la red. La hinchada local, de pie en el saludo desbordante.

Y el tercero? Candelo me puso el balón al sitio preciso. Me levanté, sin marca, y le pegué con la cabeza. El balón fue directo al arco de Henao. Sabe qué? Creo que él pensó que no iba a llegar a su arco. Por eso me llevé las manos a la cabeza. No fue porque el balón me hubiese golpeado. Pero, por Dios, no podía creer que a esa altura del partido, el marcador estuviese 3-0. Nosotros ganando, y en una final .

Bonilla cerró los ojos. Estaba en la película del partido y en ese instante, solo pudo musitar: Ha sido mucho más que un sueño para mí .

Bonilla, o don Víctor, como algunos comentaristas y narradores radiales lo llaman, lució en todo su esplendor la habilidad de su prodigiosa derecha o izquierda, para dejar rivales en el camino.

También demostró que en este Cali que puso de moda el estribillo oeoeoeoeoe, te quiero, Cali, te quiero, Cali .

En el momento del tercer gol, me llevé las manos a la cabeza porque no creía lo que estaba ocurriendo. La gente gritó mi apellido y eso me hizo erizar la piel. Fue una emoción enorme porque, en realidad, esto ha sido mucho más que un sueño para mí .

Sí, Bonilla, como dijo su actual técnico, José Cheché Hernández, es un verdadero matador. Ese hombre merece orejas y rabo para el cierre de la faena .