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PASIÓN DE UNA PINTORA BARROCA

Artemisia Gentileschi era un nombre del que poco se sabía antes de presentarse una hermosa película francesa que trata de las dificultades en que vivió, a comienzos del siglo XVII, en Roma y Florencia, de su aprendizaje artístico en las técnicas de la perspectiva y de un improbable proceso judicial por violación. Hija del pintor Orazio Gentileschi e influida por la iluminación colorista del Caravaggio. Aprendió de su padre el dibujo anatómico e hizo de su instructor y modelo, Agostino Tassi, el gran amor de su vida. Más que por haber protagonizado varios escándalos, al representar el desnudo masculino y ser juzgada por sus abiertas posiciones frente a la sexualidad, ahora se la considera la primera mujer que firma una tela en la historia del arte y el símbolo precursor de los movimientos feministas.

18 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Artemisia, dirigida y escrita por Agnes Merlet, recrea la pasión de quien se aparta de las convenciones de su época para forjar un estilo personal más acorde con su naturaleza libre y en búsqueda constante de la expresión plástica. Cuando aún se consideraba ofensivo retratar las desnudeces corporales, medio siglo después de los frescos inmortales de la Capilla Sixtina, una pintora ciertamente audaz no podía menos que ocultar su identidad so pena de verse envuelta en acusaciones por obscenidad y demás epítetos que coartaban su derecho a la libre expresión. En esta historia de alcances melodramáticos, concebida para la pantalla por una joven egresada del Instituto de Altos Estudios Cinematográficos, los cargos contra la pérdida de la virginidad y el incumplimiento de una promesa matrimonial se tornan reiterativos.

Pero lo que de verdad sorprende y emociona, hasta el límite del goce de la contemplación visual, tiene que ver con las lecciones de arte que proporciona una cinta que no dudamos en calificar como un aporte excepcional a la cartelera comercial de fin de año. Entre bocetos y aproximaciones en primer plano al objeto que se pretende plasmar en el lienzo, irrumpe la preocupación por el estudio de la perspectiva y la medición de las distancias o dimensiones que se establecen para las figuras distribuidas en amplios exteriores. Un bastidor cruzado por líneas horizontales y verticales actúa entonces como un visor para determinar con bastante precisión los encuadres o puntos de fuga en el paisaje.

Hace un año, Acapulco, durante el Segundo Festival de Cine Francés, Artemisia se destacó con amplitud por obedecer tanto a un exquisito ejercicio de estilo, dentro de los parámetros del barroco, como por su elaborado nivel en el tratamiento moral o filosófico de una época concisa. A propósito de una obra maestra de la Gentileschi que se titula Judith decapitando a Holofernes, el gran pensador Roland Barthes afirmaba que esta tela, clara y fuerte, contiene todos los elementos figurativos de una novela. Su belleza radica en participar de una suerte de energía literaria . No debemos olvidar, y para terminar, que su delicada factura fotográfica es la del mismo autor de El olor de la papaya verde, es decir, Benoit Delhomme