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VI BIENAL EN EL MAM

Fui a ver la Bienal del MAM y debería hacer comentarios sobre ella. Finalmente es el único evento que cada dos años le da vida a este museo. Pero no, lo que vi expuesto no conmueve, ni produce nada distinto de lo que evidencia. Es decir, no permite un nivel de lectura que vaya más allá del esquema resuelto, no es buen arte a mi juicio. Se trata de un conjunto de objetos, videos, instalaciones, fotos que adquieren sentido solo en la medida en que cada uno de sus autores teorice frente al objeto mismo para establecer con su discurso un contenido. Creo que lo único que se salva son los retratos en pastel de Jorge González, un homenaje, con dermatitis, a lo que fuera el retrato del renacimiento en Italia.

01 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

A la salida, decepción y apetito juntos a las dos de la tarde, son el buen ingrediente para olvidar este desastre con un buen plato de lentejas, preparado de forma clásica, por supuesto, para obtener de ellas el sabor que traen las lentejas y no uno que nos in ventemos a punta de condimentos. No unas lentejas aromatizadas con aires importados para sentirnos comiendo en otra ciudad del mundo.

Lentejas bogotanas, con todo el sabor del caos que produce este marasmo entre el que habitamos. Lentejas que me provoca compartir con quienes creen que trayendo las recetas nuevas, hechas y rehechas hace décadas por fuera de nuestras fronteras, están innovando entre personas que por no conocer un sabor van a estar seguras de que ese es el buen sabor.

Estamos hartos de ver instalaciones, de las que tienen circuito eléctrico y de las que solo tiene tierra y fieros viejos, de las que vienen con árbol de Navidad y de las que nos presentan solo los vestigios restantes después de terminado el performance que tuvo lugar el día de la inauguración.

Estamos hartos de ver la mala ejecución con que algunos irrumpen en terrenos terminados de inventar hace tiempo. Y cada vez queda más claro, parte importante del mal resultado en sus obras viene de la torpeza con que son ejecutadas. Una persona sin medios tiene dificultades para expresarse.

A estas alturas, pienso, el MAM bien podría considerar la idea de que alguna cancillería de cualquier lugar del mundo les preste otra de las exposiciones a las que le miden su éxito por el número de visitantes que atraen, para evitar que los cuatro gatos que se pasean ahora por su salas sigan presenciando las vanalidades que en este momento se presentan.

Porque, además, no creo que lo expuesto sea representativo de lo sucedido en la plástica colombiana durante los últimos dos años, pero sin duda alcanza sus cuotas más bajas de calidad en las obras de luminarias como Alicia Barney, Carlos Blanco o Luz Mercedes Arango.