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DIMOS TRES VUELTAS OLÍMPICAS

La víspera del partido frente a Independiente dormí muy bien y muy tranquilo porque confiaba mucho en mi capacidad, en lo que yo podía dar y porque también confiaba en el equipo.

01 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Por lo general, comparto mi habitación con Jorge Bermúdez. El domingo nos levantamos muy optimistas, como a las 11 de la mañana, y dos horas más tarde ya estábamos almorzando.

El ambiente estaba muy tranquilo, pues siempre hemos sido conscientes de los pasos que debemos dar, y el domingo no podía ser la excepción. Era como ratificar lo que veníamos haciendo con tanto éxito durante cuatro meses.

A la salida del hotel había mucha gente y lo que más me impactó en ese momento fue haber visto a una señora como de 80 años de edad que estaba entre toda la multitud. La empujaban de un lado para otro, pero esa señora se veía feliz y eso demuestra lo que arrastra Boca.

Llegamos al estadio normalmente lo hacemos dos horas antes, vimos todo el alboroto y nos dimos cuenta de que ya estaba casi lleno.

Eso mostraba lo que la gente pretendía, pero también lo que nosotros podíamos dar.

Cuando salí a la cancha y vi todo ese ambiente de fiesta en las tribunas sentí mucha alegría y mucha emoción.

Es difícil a veces ponerse en el lugar del hincha, pero uno se da cuenta que ellos viven y sienten mucho. Por eso, uno trata de luchar al máximo para ganar y para que la gente siempre pueda gozar en la cancha.

Yo sé que soy extranjero y que somos tres los colombianos en Boca, por eso sentíamos quizás más responsabilidad y compromiso para con la afición y así poderles demostrar por qué los tres somos titulares.

Contra Independiente no fuimos la excepción y estuvimos a la par del compromiso y en general de todos los partidos de este torneo Apertura. Tal vez por eso terminamos siendo reconocidos por la afición.

Por lo general cuando juega Boca, siempre está lleno el estadio, pero este domingo todo era más especial.

Era el día de conseguir lo que yo había soñado: ser campeón en el fútbol argentino. Además, este partido frente a Independiente tenía un significado especial para la gente. Cuando vi ese ambiente de fiesta, sentí tal emoción que no encuentro palabras para describir.

Cuando corrían los primeros minutos del segundo tiempo y el compromiso entre Gimnasia y Esgrima y Rosario Central había terminado 1-1 y supimos que éramos campeones, lo único que quería era que terminara nuestro partido rápido para poder celebrar.

Ya cuando escuché el pitazo final y vi que las tribunas se desbordaban de alegría, sentí una emoción muy grande.

En ese momento me acordé de mi hijo, de mi señora y de mi familia que está en Colombia. Inmediatamente me fui a buscar a Jorge (Bermúdez) y le dije: Vamos donde Oscar. Este es un triunfo muy grande para nosotros y tenemos que estar unidos.

Después no recuerdo dónde andaba ni el uno ni el otro. Sólo sé que dimos como tres vueltas olímpicas. Supuestamente todos los jugadores íbamos a celebrar en un restaurante, pero a última hora cambiamos el lugar porque ya todo el mundo sabía en dónde íbamos a estar y nosotros queríamos privacidad.

Nos reunimos todos los jugadores y quemamos la adrenalina que teníamos guardada. Este triunfo con Boca es lo mejor que me ha sucedido, y nunca lo olvidaré...