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HAY QUE QUITAR LA BANDA PARA BAJAR LOS INTERESES

Para los banqueros, 1998 pasará a la historia como uno de los años más negros después de la crisis del 82. Y no es para menos: las abultadas utilidades que registraron en años pasados se esfumaron y hoy ven crecer los saldos en rojo en sus balances. Los deudores morosos siguen engrosando las filas de las entidades financieras, mientras que la Superintendencia Bancaria los llama para que hagan nuevas capitalizaciones.

21 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Y como si fuera poco siguen apareciendo ante el público como los causantes de muchos males en la economía. Pero ellos se defienden y aseguran que son las víctimas de las tasas de interés, y que si el costo del dinero baja ellos serán los primeros beneficiados.

Así lo indicó a EL TIEMPO el presidente de la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras (Asobancaria) Jorge Humberto Botero, quien sostiene que no le gustan las amenazas en torno a una posible intervención de los intereses, y que si estos no bajan más es porque la banda cambiaria no deja.

Usted cree que ya está superada la crisis financiera y que el país va a salir adelante el año entrante?.

Yo tengo un moderado optimismo. Creo que si las tasas de interés se mantienen bajas, si el Gobierno sigue adelante con una política económica coherente, hace un ajuste fiscal serio y avanzamos en el proceso de paz, la economía puede tener una modesta recuperación el año entrante y podría crecer a ritmos más adecuados a partir del 2000.

Es necesario reconocer que es incompatible un crecimiento de la economía y cualquier intento de estabilización del sistema financiero con tasas de interés reales del 18 por ciento. Si el país no sale adelante todos nos hundimos Por qué a pesar de todas las medidas adoptadas las tasas de interés siguen tan altas? La baja en los intereses es absolutamente necesaria y deseable. El Gobierno y el Banco de la República han tomado medidas pero las tasas siguen altas. Por eso considero que tan pronto como encontremos una coyuntura propicia se debería modificar la política cambiaria, eliminando la banda de oscilación del precio de la divisa como lo hizo México, pero manteniendo el precio del dólar dentro de unos linderos adecuados mediante la compra o la venta de reservas.

Una decisión de esa naturaleza es factible si el Gobierno fortalece la posición de las reservas internacionales con créditos externos. Esto daría mayor flexibilidad en torno al suministro de la liquidez y permitiría mantener una política de intereses a la baja.

Sin embargo, no recomendaría que abandonara la banda en este momento porque no se sabe cómo van a evolucionar las economías de Brasil y Venezuela.

Lo que la gente se pregunta es por qué los bancos no hacen un mayor esfuerzo para reducir los intereses al público? Siempre se hace la misma pregunta y yo respondo que nadie en sus cabales está dispuesto a entregar su dinero a un banco a una tasa de interés más baja que no esté acorde con el mercado. Si bajamos las tasas de interés más allá de lo que el público exige por su dinero simplemente se nos desfinancia la cartera. Además, como existe una correlación absoluta entre la tasa activa de los créditos y el deterioro de la cartera, a nadie le interesa más que a los propios bancos que las tasas bajen.

Pero también hay que mirar otros factores. Por ejemplo, no se puede pedir una baja sustancial en los intereses que cobran los bancos mientras la Tesorería General esté captando por encima del 35 por ciento.

Entonces qué hacer? Qué camino cogen los deudores? Porqué la banca no se da la pela y reduce más el margen de intermediación?.

Si de darse la pela se trata no hay sector que se la haya dado más este año que el sector financiero. Lo que pasa es que la banca está atrapada en medio de unos ahorradores que exigen un rendimiento más alto por sus recursos y unos usuarios que aspiran a que el costo del crédito sea menor.

La rentabilidad de la banca en Colombia no es mejor que la de muchos otros sectores. Para reducir el margen debe tenerse en cuenta que en él influyen factores como el diferencial de la tasa de inflación y además, pesan las inversiones forzosas, la informalidad del país que hace que el riesgo crediticio sea mayor, la falta de una adecuada plataforma tecnológica y hasta la inseguridad.

El ministro de Hacienda insiste en que los intereses deben bajar ocho o 10 puntos el próximo año. Ustedes no temen que se produzca una intervención si los intereses no caen en estos niveles? A mi no me asustan las amenazas. Cuando se calificó a la banca de especulativa inmediatamente repliqué y le pedí al Gobierno que si eso era cierto que señalara qué normas se habían violado e impusiera las sanciones de rigor. También pedí que se dijera si no se consideraba adecuado que los bancos pudieran comprar y vender divisas. Pero no se hizo ni lo uno ni lo otro. Por el contrario, en privado me pidieron que bajara el tono.

Yo creo que las tasas de interés van a bajar porque están dadas las condiciones y no creo en la eficiencia económica de la intervención de los intereses. Una decisión de esta naturaleza sería un error y seria tanto como romper el termómetro para no leer la fiebre del paciente.

Los banqueros no somos minusválidos mentales. Somos racionales y sabemos que los primeros beneficiados con la reducción de los intereses somos nosotros mismos.

A raíz de la crisis económica se ha reafirmado en mucha gente la mala imagen del sistema financiero.

Desafortunadamente aún persiste la imagen de que el sistema financiero es un parásito, que no produce nada pero en cambio sí esquilma a los deudores y por eso piensan que es ilegítimo cualquier peso que la banca se gane. Pero no se dan cuenta de la importancia del sector en la economía porque un país puede no tener una buena industria siderúrgica, pero no se puede dar el lujo de no tener un sistema financiero sólido.

Lo que pasa es que el país no ha padecido una crisis financiera sistémica en las proporciones que se han registrado en otros países. Por eso creo que no hay una verdadera conciencia de lo que le podría pasar a la economía y de lo importante que es preservar la confianza en el sector crediticio.

Los banqueros no prestan la plata de ellos sino la del público; los depósitos de la gente están invertidos en miles de créditos. Por eso cuando una crisis se presenta no solo pierden los banqueros sino miles de ahorradores ya que a ellos se les traslada los problemas de cartera. De ahí la importancia de las medidas de emergencia porque tratan de evitar que se presente una crisis financiera.

Los peros de la Emergencia Un mes después de decretada la emergencia persisten las críticas sobre las medidas adoptadas. Como ven ahora los banqueros estas decisiones? Lo primero que se debe señalar es que las operaciones de rescate del sistema financiero deben preservar la estabilidad de los ahorros del públicos, no solucionar los problemas de los deudores.

Lo bueno que le veo a la emergencia es que fue oportuna. Los rescates bancarios tienen enormes costos que se multiplican en la medida en que se demora en adoptar las medidas. Dentro de las normas anunciadas se destaca como positivo las líneas de capitalización para instituciones financieras y para las entidades que reciben bienes en dación en pago.

Qué le disgustó de la Emergencia? Lo que me parece mal concebidos son los mecanismos de ayuda a los deudores porque reemplazan a los banqueros en su labor de refinanciación. Es esencial que los banqueros sean quienes hagan las reestructuraciones de los créditos porque hay casos en los que se justifica hacerlo y casos en que no.

Además, no es cierto que la banca no esté refinanciando a los deudores morosos, por el contrario lo hace todos los días, porque eso es su labor y porque lo que más le conviene es que la gente le pague en lugar de quedarse con inmuebles que no sabe cuando va a volver a vender.

Creo que con esta medida de refinanciar obligatoriamente se puede presentar un fenómeno de riesgo moral y es que la gente piense que dejar de pagar puede convertirse en un buen negocio. En ese caso, las medidas de emergencia pueden constituirse en una causa adicional del deterioro de la cartera del sistema financiero.

Otro grave problema es que se creó un cuello de botella en el Fogafin que puede hacer represar las solicitudes de crédito. Otra cosa perversa es que deja la sensación de inequidad porque muchos están diciendo que si las medidas alivian a una cierta porción de deudores también deberían aliviar a los pequeños empresarios, los caficultores, etc.

Entonces, cual era la solución más adecuada? Yo hubiera sido partidario de que con el impuesto del dos por mil se hubiera constituido un fondo de redescuento del Fogafin para que los propios bancos hubieran refinanciado a los deudores con cargo a ese fondo. Esa habría sido una medida más inteligente, técnica y flexible.