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UN PASEO DUDOSO

Pocas iniciativas tan bien intencionadas y tan mal ejecutadas, como la del Paseo de la carrera 15, que en teoría aspiraba a emular con Las Ramblas, el celebérrimo paseo de Barcelona.

02 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Qué pasó en la 15? Como lo anota una columnista de este diario, en el proyecto faltó de todo. No hubo planeación, ni diseño, ni se tuvo en cuenta a los peatones, ni a los automovilistas, ni a los comerciantes, ni a nadie. En acción casi que arbitraria, inconsulta, el IDU comenzó unas obras sin pies ni cabeza, que les han producido pérdidas gravísimas a los comerciantes de la zona. Cualquiera que se dé un paseo por el simulacro de idem de la carrera quince, sentirá un escalofrío al observar cómo en el noventa y cinco por ciento de los apartamentos y locales hay un letrero que dice se vende , se arrienda . La desolación entre la Avenida Chile y la calle 91, por la carrera 15, es total.

Y no se les puede decir a los dueños de almacenes, locales y apartamentos que tengan paciencia, que este desbarajuste es natural mientras se adelantan las obras que habrán de convertir la carrera 15 en un paseo digno de la capital. Como van, esas obras no conseguirán otra cosa que aportarle a la ciudad un tugurio más. Los únicos que se van a beneficiar de esto son los gamines y mendigos, que ahora tendrán aceras más amplias para dormir , es el comentario común de los habitantes de la zona.

Sin duda, los numerosos errores cometidos en estas obras del frustrado paseo de la carrera 15, exigen una investigación y una sanción a los culpables; pero sobre todo, pararlas ahora cuando todavía es tiempo, hacer las rectificaciones del caso, y no seguir despilfarrando los recursos de valorización pagados por los vecinos en continuar con un proyecto que no les va a aportar ninguna mejora al sector, ni a Bogotá.

Lo que se ve en la carrera 15 sobrecoge el ánimo de quien tenga un mínimo de afecto por nuestra ciudad. Unos andenes descomunales elaborados en tal forma que caminar por ellos resulta imposible para un ser normal, y serían una tortura para un discapacitado que quisiera salir en su silla de ruedas a darse un quincenazo .

El aspecto estético es deprimente, imposible de creer si no estuviera a la vista. La persona que se propusiera pasear por la carrera 15, una vez concluidas las obras, se encontraría ante una selva de postes de cemento, y si levanta los ojos al cielo no contemplaría otro panorama que el de nubes de feísimas cuerdas de la luz. Y al lado de los postes de cemento, una serie de postecitos que, se supone, van a complementar la iluminación. No hubiera sido lo lógico haber prescindido de los postes grandes o si son imprescindibles haber reemplazado los alambres aéreos por los subterráneos, como ahora se usa en las grandes ciudades? En el paseo de la Quince la lógica no se tuvo en cuenta para nada.

No es exagerado opinar que lo de la carrera 15 exige un plan de emergencia. Suspender ya las obras; evitar que aumenten los gastos inútiles, y de acuerdo con los habitantes y comerciantes del sector elaborar un diseño que permita adecuar un verdadero paseo, agradable para los caminantes, apto para la circulación vehicular, y que le facilite al comercio de esa importante vía recuperar las grandes pérdidas que hoy lo tienen al borde de la quiebra.

Con la parálisis de la carrera 15 y es su situación actual, el ya desmedrado ritmo económico de Bogotá se agrava de manera alarmante. La Alcaldía Mayor no puede cruzarse de brazos y limitarse a reconocer que en el paseo de la 15 se cometió un error. Un error, no. Lo que hay allí es un desastre.