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PRIMERO PAZ, LUEGO NARCOS

La colaboración que Estados Unidos ofrece para la modernización del Ejército colombiano, acordada en la Tercera Cumbre de Ministros de Defensa de las Américas, demuestra que la administración Clinton sigue planteando su política exterior frente a Colombia en una doble perspectiva: confiando en la propuesta de paz del presidente Andrés Pastrana y señalando que para lograr esa paz es fundamental que existan condiciones objetivas en el conflicto que permitan que el gobierno colombiano llegue a la mesa de negociación en unas condiciones muy favorables.

02 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Para esto se debe fortalecer la capacidad operativa del Ejército de Colombia en su lucha contra el narcotráfico y la insurgencia y, además, modernizar la doctrina militar de tal forma que se adecúe a las nuevas circunstancias internacionales y al contexto de consolidación de la democracia. Las Fuerzas Militares deben tener en su doctrina claramente establecido el respeto a los derechos humanos como un punto de partida de todas sus acciones.

La inversión que hizo el gobierno norteamericano de su agenda de prioridades frente a Colombia para poner primero la paz y en segundo lugar el narcotráfico es una muestra de que Estados Unidos tiene interés en la resolución del conflicto, fundamentalmente porque su degradación ha conducido a que el conflicto colombiano se comience a ver con gran preocupación en la comunidad internacional.

Y no solo por las vinculaciones que existen entre narcotráfico e insurgencia sino también por el tema de derechos humanos, el tema de la afectación de la guerra en el medio ambiente y el tema de los desplazados internos que comienzan también a convertirse en refugiados. Es decir, el conflicto colombiano comienza a dar señas de significar una amenaza a la paz y a la seguridad internacionales.

Para Estados Unidos la prioridad frente a América Latina es la preservación y la estabilidad democrática. En ese sentido cualquier asunto como el de la insurgencia colombiana que llegue a desafiar las instituciones democráticas, será para Estados Unidos una preocupación grande en materia de seguridad nacional. Este es el nuevo esquema. De ahí la necesidad, como lo han advertido Estados Unidos y el presidente Pastrana, de tener unas Fuerzas Militares fortalecidas para que haya la posibilidad de una negociación viable de la paz. En otras palabras, si no tenemos unas Fuerzas Militares efectivas para el conflicto armado, vamos a tener una gran debilidad en el momento en el que se abra definitivamente el curso de la negociación política del conflicto.

En El Salvador, por ejemplo, país con 21 kilómetros cuadrados, durante los 12 años de guerra Estados Unidos invirtió cerca de 4 mil millones de dólares. Es decir, un millón de dólares al día en apoyo a las Fuerzas Militares sin que con ello se hubiese logrado obtener una victoria militar, sino, por el contrario, lo que se hizo fue incentivar la violencia en la elaboración del conflicto y la corrupción al interior del estamento militar. Episodios como ese no se deben repetir. La ayuda que Colombia requiere no es una ayuda que vaya dirigida a agudizar las condiciones de conflicto sino más bien a favorecer los escenarios de paz.

*Director del Instituto de Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Javeriana.