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BACILOS DEL CUERPO Y DEL ALMA

Terribles bacilos del pasado aquellos de la lepra y la tuberculosis han sido remplazados por otros, no solamente biológicos castigos de Dios sino químicos y sociales, con singular capacidad destructiva o degenerativa. Su característica común es la atacar el cerebro, la voluntad o el comportamiento.

22 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Son narcóticos o narcotizantes, productos del ingenio del hombre o de su depravación. Se propagan lo mismo por codicia o hastío que como medio para liberarse de la miseria, el abandono y la desesperanza. Ocasionan amargas dolencias del cuerpo y del alma.

Por estos días se denuncia el auge del consumo de estupefacientes entre jóvenes y niños colombianos. Probablemente apenas se toman en cuenta las formas toscas o refinadas de los artículos prohibidos. Pero hay otros de libre comercio y uso industrial, pegas o pegamentos tóxicos a base de tolueno y ciclohexano, cuya inhalación surte efectos análogos y aun peores.

Implican pérdida de la memoria, deterioro progresivo del sistema nervioso, atrofia cerebral, leucemia, daño renal y hepático, delirio, coma y muerte. Tal el destino que espera a cuantos gamines vemos en las calles oliendo con sus narices ansiosas estos diabólicos materiales que hacen estrago en la infancia latinoamericana.

En Venezuela se ha venido haciendo frente con energía cívica al inquietante fenómeno. Bajo la inspiración y el impulso de Antonio Nicolás Briceño Braun, el Club Rotario de Caracas lanzó una cruzada para contener y prevenir el devastador consumo, a nivel transnacional. En la bicoca de treinta y siete millones se calculan los niños huelepegas en América Latina.Cuando no mueren en su ley, de las primeras experiencias pasan a otras más directas y entran al mundo de los narcóticos, ya adictos y sin reatos.

Como primer resultado de esa campaña tenaz, el Gobierno del presidente Rafael Caldera expidió este año un decreto en el cual se obliga a los fabricantes nacionales y a los importadores de tales productos a agregarles la repulsiva y disuasiva composición química del aceite de grano de mostaza que al parecer elimina el efecto venenoso del tolueno. Además, se prohibe su venta a menores de edad y se restringe su expendio a ferreterías, papelerías, depósitos de materiales de construcción y otros del ramo.

La medida se orienta a preservar la salud física y mental de los niños de la calle, a quienes la escasez de recursos induce a mitigar sus penas con estas mercancías menos costosas. El uso de narcóticos se había supuesto de la exclusividad de los mayores y de los países y clases pudientes. Por desgracia, como el Sida, trasciende las fronteras y los niveles sociales.

Su adicción la adquirieron primero los europeos y luego los norteamericanos en sus guerras del Lejano Oriente. A través suyo llegó a América Latina, donde en varias regiones sus campesinos mascaban coca para aliviar el hambre y la fatiga, obviamente sin aditivos químicos. Tras la marihuana, penetró en Colombia a salones y universidades como costumbre refinada y decadente.

No demoró sin embargo en saltar a las calles y en abrir a los pobres la posibilidad de evadirse inhalando artículos industriales en principio inocentes. El consumo de narcóticos y productos afines ha comenzado a ser, de esta mala suerte, problema también nacional y regional.

Entre narcóticos y corrupción Infortunadamente, a pesar de tanto esfuerzo, no le ha sido posible a Colombia erradicar del todo la economía de los narcóticos, según se desprende de los despachos de heroína y cocaína que se alcanzan a capturar en sus puertos, así como de los cultivos en los departamentos periféricos y en sus vecindades. No se ha dicho que su órbita de influencia comprende la zona de despeje militar donde la guerrilla ha encontrado sólido asiento y solidaridad? El ingreso fatídico del narcotráfico a Colombia le trajo males incontables. No es sino observar cómo corrompió sus estructuras e hizo lo imposible para incrustarse en las del Estado y merecer su tolerancia o su favor. No conoció ni respetó límites. Pretendió, incluso, establecer la primera narco-democracia, amedrentando o comprando conciencias. No se limitó a un partido ni a un sector determinado. Procuró invadir los ámbitos que le parecían más útiles o propicios. Si hasta la cabeza del poder electoral conservadora por más señas resultó habiendo cedido a sus halagos pecuniarios. Poder fáctico y omnímodo de Don Dinero.

Váyase a saber si por su efecto de demostración o por el criterio rector de la máxima rentabilidad individual floreció la filosofía del enriquecimiento vertiginoso y sin esrúpulos. De pueblo campesino, laborioso y frugal pasó el colombiano a formas inéditas de urbanización, segregación social y corrupción rampante. Proliferaron los consumos suntuarios y el afán de financiarlos. Los fines y no los medios empezaron a ser decisivos e incontrastables.

Pulularon las defraudaciones en el seno del Estado y en las relaciones con él. El bien dejó de diferenciarse del mal. Funcionarios de mucho viso se dedicaron al aprovechamiento ilícito de sus posiciones y no vacilaron en recurrir al latrocinio. El robo adquirió posición social, económica y política, a través de los delincuentes de cuello blanco. Paradójicamente, mientras la economía formal entraba en crisis, la informal se abría paso como sustituto y oportunidades de subsistencia y prosperidad.

Nadie ignora que la corrupción figura entre los grandes problemas nacionales. Sería repetimos como consecuencia del narcotráfico? Por qué, entonces, es mayor en Venezuela, donde no se da este antecedente? Vale la pena estudiarlo. Se diría que es cuestión de extravío de las conductas. Pero por qué tan extendido, si no generalizado? No obedecerá a una filosofía inadvertidamente adoptada o aceptada? Cuál la razón de que, incluso desde un asiento en la junta directiva de entidad tan importante y prestigiosa como el Banco Central Hipotecario, se frague una defraudación repugnante? Bacilo social de moderno tipo hay que borrarlo de la faz de Colombia y restituir el concepto del bien público. Cuandoquiera se hablaba de la corrupción de los engranajes del Estado, se pensaba en la Nación. Pero hay que ver a dónde llegaron tantos departamentos y municipios, después de enriquecidos con las transferencias de rentas y de vitalizados políticamente con la elección de gobernadores y alcaldes