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LOS VENEZOLANOS RESISTEN AL ABISMO

Cualquiera que tenga tiempo de escudriñar en el estado actual de la economía venezolana se dará cuenta rápidamente que el vecino país se está acercando, rápidamente, a un punto de no retorno.

01 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Las elecciones del próximo domingo no harán nada por remediar una crisis que se viene perfilando desde principios de los años setenta, y que ningún mandatario, hasta ahora, ha logrado disipar.

Más allá del déficit fiscal galopante (5 por ciento del producto interno bruto), de la agustiante sobrevaloración del bolívar y de un proceso inflacionario que vuelve a coger fuerza (hacia el 30 por ciento anual), lo que realmente tiene postrada a Venezuela es su generalizado estado de deterioro.

De manera que triunfador, independiente de quien sea, tendrá, por fuerza mayor, que meter al país en una apretada camisa de fuerza económica, que no hará otra cosa que empeorar lo que ya es estado calamitoso.

En los cinco años de gobierno de Rafael Caldera (en el pode desde 1994), Venezuela ha aguantado nueve planes de rescate que, a todas luces, no han dado resultado. Lo único cierto es que ha generado una furiosa reacción popular, la cual se ha convertido, precisamente, en la razón de ser de la candidatura de Hugo Chávez.

Muchas personas se preguntan cómo ha podido llegar a esta situación un país que, después del Cercano Oriente, cuenta con las más cuantiosas reservas de crudo del mundo. La respuesta está, precisamente, en que, confiada en la magia de los petrodólares, la nación suramericana pospuso repetidamente un plan de reformas estructurales que le hubieran permitido sostenerse sobre bases más sólidas.

Para los inversionistas internacionales, entre ellos los colombianos, el deterioro venezolano frena constantemente las posibilidades de desarrollo en uno de los mercados de consumo más avanzados del continente. Y la verdad es que todo el aparato público y privado está en ruinas: desde el acueducto y la electricidad, hasta el transporte, la salud, la educación y el mantenimiento de las vías.

El 70 por ciento de la población vive en estado de pobreza, y la tendencia continúa. Pero ahí no acaba todo. La plataforma generadora de riqueza está en un estado igual de lamentable. El engranaje industrial, en efecto, está paralizado y es tecnológicamente obsoleto.

Según Ignacio Oberto, uno de los principales banqueros de inversión, entrevistado recientemente por el diario El Universal, dice que esta situación no garantiza el éxito al próximo programa económico . La infraestructura productiva, tanto estatal como privada, lleva 18 años sin renovarse, y, en esas circunstancias, el inventario de bienes de capital decrece en forma sostenida.

La situación de la planta industrial es una de las razones por las cuales esta economía no puede iniciar un ciclo sostenido de crecimiento , dice Oberto. No se puede competir con equipos de los años cincuenta . Venezuela necesita entre cuatro mil millones y ocho mil millones de dólares anuales, durante los próximo cinco años (es decir, un promedio de 30 mil millones de dólares), para ponerse el día e irrigar riqueza hacia los sectores más pobres del país. Pero ese dinero no será suficiente. Es preciso que el sector privado desembolse una suma igual o mayor para que el nuevo milagro se dé.

Además de eso, el próximo gobierno deberá iniciar una reforma agresiva y ortodoxa del Estado, a través de un programa no intervencionista de clara libertad económica. La razón es estimular el gasto privado y devolverle la confianza a los inversionistas.