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PARADOJA MAYÚSCULA :

23 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

La situación que se ha creado en los Estados Unidos con motivo del juicio político al presidente Bill Clinton en el Congreso haría las delicias de Oscar Wilde, el gran escritor irlandés que dominó, como pocos, el arte de la paradoja. Sólo una imaginación tan fértil como la suya habría podido anticipar que en el momento más crítico de su Administración el mandatario estadounidense haya alcanzado el mayor nivel de popularidad de un Presidente en mucho tiempo.

Como se dice coloquialmente, el muerto político no existe. Pero el caso del presidente Clinton realmente es desconcertante. La opinión pública de su país no sólo va en contravía de sus acusadores y, sobre todo, de los medios periodísticos que lo atacan, sino que a cada triunfo de éstos amplía aún más su respaldo al mandatario.

Analistas, politólogos y comentaristas de los Estados Unidos se devanan los sesos buscando una explicación a esto. Algunos hablan del carisma, ese don misterioso que gana para el que lo posee la admiración y aun el afecto de las gentes, por encima de cualquier consideración. Otros afirman que el fenómeno obedece a la excelente situación económica de que disfrutan los estadounidenses, y que atribuyen en buena parte al Gobierno. Cualquiera que sea la razón, se trata de una paradoja mayúscula que agrega un ingrediente fascinante al escándalo, ya bastante peculiar, del actual inquilino de la Casa Blanca.