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EL AÑO DE LA RESTRICCIÓN

En 1998, el gran hecho noticioso de Santa Fe de Bogotá fue claramente la implantación de Pico y Placa , el programa que restringe la circulación de vehículos por el número final de la placa durante las llamadas horas pico.

23 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Las razones que sostienen esta afirmación son varias, pero hay tres fundamentales: La primera es la misma ciudad. Se trata de una urbe que tirios y troyanos critican por el permanente caos de tránsito en que vive.

Bogotá se hace es una urbe excesivamente lenta, con 60 mil automóviles nuevos cada año, con pocas y malas vías, rezagada en la búsqueda de soluciones de fondo como el metro y con una organización del transporte público entregada a la ley del más fuerte. El escenario no podía haber sido más difícil, y a la vez adecuado, para una medida como la restricción.

Otra razón es que Pico y Placa se constituyó en un hecho histórico, no sólo en la ciudad sino en el país: por primera vez, en una capital colombiana se estableció una medida para reprimir la circulación de vehículos automotores particulares, con el fin de descongestionar las calles. Ninguna otra había tenido asomo de algo similar.

El objetivo era dejar quietos 300 mil vehículos 7 y las 9 de la mañana y las 5:30 y 7:30 de la tarde para permitir el flujo rápido de los demás, especialmente del transporte público, al que el alcalde Peñalosa, desde el comienzo de su mandato y a través de diversas disposiciones, de privilegiar en contra del privado, como una primera salida del caos diario en las calles. A través de este experimento, Peñalosa puso a prueba la actitud cívica y la disciplina de la gente, por cuanto era una medida sustentada más en la colaboración que en la capacidad de control.

Y la tercera razón que explica porque la restricción fue la noticia del año en la capital es que, a pesar de las dudas generalizadas que rodearon al principio este programa y a pesar de las críticas que aún despierta, ha funcionado.

Una medición reciente realizada por el proyecto Bogotá, Cómo Vamos señaló que el ahorro de tiempo en los desplazamientos matutinos por ciertas vías arterias había llegado a 29 minutos en promedio.

Su desarrollo, sin duda, ha tenido lunares graves: fue caótica la entrega de las calcomanías de identificación y el manejo del contrato de las mismas produjo la caída de dos altas funcionarias del Distrito.

Por otro lado, desde el principio han surgido críticas por los trancones antes y después de la restricción y, además, hay quienes sostienen que los controles se han relajado y, por esa causa, cada vez es menos el respeto de la ciudadanía por la medida.

Pero todo esto no parece suficiente para echar atrás un experimento que ya dejó de serlo y, aparentemente, va a quedarse por largo tiempo, porque, entre otras cosas, las soluciones de fondo aún están lejanas.