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VALLEJO VS GARCÍA MÁRQUEZ

El año se va y se va muy bien con este taco de dinamita: El malpensante. El atentado de este número, el 11, la soberbia patada de elefante que aturdió a unos cuantos personajes y ya verán, ya verán es contra el gremio intelectual: escritores, editores y etcétera, etcétera, al que, de todos modos, pertenece el grupillo-pillo que hace esta revista.

26 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Primero que todo hay dos articulazos Imposturas intelectuales, de Sokal y Bricmont y Divertimento sobre la postoscuridad, de Hector Abad sobre la insoportable pedantería de los intelectuales con ese sabor francés tipo Lacan que, desafortunadamente, pululan y se reproducen en las universidades de todo el mundo: profesores maestras, doctores o eminencias que titulan sus genialidades con frases como Transgrediendo las fronteras: hacia una hermenéutica transformativa de la gravitación cuántica. Como sostiene Hector Abad, necesitan censura.

Pero la patada del elefante va más lejos de lo permitido (y arremete contra el establecimiento). Fernando Vallejo, el incendiario escritor antioqueño, le escribe una larga carta llena de pelos y señales a Gabriel García Márquez, el escritor vivo más importante del mundo y uno de los cien personajes del siglo según la prestigiosa Time. Vallejo titula su carta Cursillo de orientación ideológica para García Márquez. Y de nuevo es dinamita: una carta bomba. El autor de La Vírgen de los sicarios le habla al autor de Noticia de un secuestro de un tema en común...

Así empieza la carta: Hombre Gabo: Te voy a contar historias de Cuba porque aunque no me creás yo también he estado ahí: dos veces. Dos vecesitas nomás, y separadas por diez años, pero que me dan el derecho a decir, a opinar, a pontificar, que es lo que me gusta a mi... .

Lo que viene de ahí en adelante es violencia. Violencia y rabia pura que, de pronto, se va transformando en una ternura demasiado real como para no tomarse la cosa en serio. La carta relata una aventura de Vallejo homosexual reconocido con un jovencito cubano. Es una aventura con soldados, fugas, represión, más humor y deseos de pelea: Apuntá para otro lado, no se te vaya a soltar una bala y acabés de un solo tiro con la literatura colombiana . La anécdota de Vallejo va más lejos del escándalo y, superando la pataleta contra el Nobel, el relato tiene un vigor propio y un final... El final es demasiado fuerte. Es contundente.

Y tranquilos, ahí no se acaba la revista. Los editores, como para no quedar mal con nadie, publican una verdadera joya de los míticos tiempos de La Cueva de Barranquilla. El autor es el mexicano Juan García Ponce, un autor desconocido en Colombia, demasiado reconocido en su país y para muchos, un autor de culto. García Ponce crea un universo delicioso, en medio de las borracheras de Alvaro Cepeda Samudio y la excentricidades de Alejandro Obregón y la belleza y el talento de Marta Traba y... ah, es mejor leérselo, ese y toda esta malpensada revista. Fernando Gómez.