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PASTRANA O LA AUDACIA POR LA PAZ

Está dispuesto a pasar a la historia como el Presidente que consiguió la paz definitiva, o al menos su maduración efectiva.

27 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Por ello está arriesgando posturas y decisiones que ninguno de sus antecesores se había permitido, ni siquiera Belisario Betancur, a quien irónicamente se terminó tildando como el ingenuo de la paz .

Es una cadena de riesgos la que ha venido asumiendo con el tema de la paz desde ese 8 de junio, faltando una semana y media para las elecciones presidenciales, cuando dio a conocer una carta de las Farc en la que entrelíneas el grupo subversivo demostraba simpatía por su candidatura y le anunciaba buena voluntad para empezar a dialogar si ganaba la Presidencia.

Fue un gran riesgo, pues tener el aval de las Farc podía reportar grandes réditos electorales, mucho más si se recuerda que ese grupo insurgente se negó sistemáticamente a hablar con Ernesto Samper durante sus cuatro años de mando.

Sin embargo, también podía acercarlo peligrosamente a aparecer como un aspirante con la bendición de la guerrilla, idea que efectivamente utilizó su contendor liberal. Con esto queda demostrado que no soy el candidato del señor Tirofijo , dijo Horacio Serpa en su momento.

Luego asumió un riesgo aún mayor cuando, ya como presidente elegido y luego de pedirle a Tirofijo que lo recibiera en el comando de las Farc, divulgó la foto de esa reunión en la selva. Además de un hecho sin precedentes, era un hit de primera mano por la transparencia del gesto; pero también era una apuesta arriesgada por el tremendo status e importancia que se le concedía a la cabeza de la insurgencia, algo que podía debilitar la posición del Gobierno en una posterior mesa de negociación.

Después vino otro riesgo mayor. Aprobar un despeje militar por 90 días en un territorio bastante grande, sin mayores posibilidades de verificación y control de cualquier desviación del experimento, y con Estados Unidos bastante escéptico y expectante ante toda la operación.

Plan B bajo la manga La estrategia de Pastrana, en su etapa inicial, parece estar completa: está generando confianza en la subversión haciendo concesiones importantes, pero no trascendentales hasta ahora. Ganar confianza es clave en un conflicto tan deteriorado como el colombiano.

Paralelo a esto, la táctica de Pastrana implica dejar bien clara su transparencia personal y la de su Gobierno con respecto del proceso. Eso lo ha conseguido de un modo tan rápido y valedero que la comunidad internacional ya se lo reconoce. Lo han dicho públicamente Bill Clinton, el presidente español José María Aznar, el Grupo de Río, y hace dos semanas lo recalcó Hugo Chávez en su primer día como presidente electo de Venezuela.

Con todo, y a pesar de la aparente debilidad que implican las concesiones, es obvio que Pastrana está apostando más allá de la transparencia, de un modo totalmente estratégico.

Si todo falla y la paz fracasa él va a poder argumentar, con testigos nacionales e internacionales, que lo intentó todo, inclusive buscar a Tirofijo en la selva. El Presidente gana por lado y lado , dice Armando Borrero, experto en temas militares.

Con esa enorme legitimidad, Pastrana va a poder ensayar todas las fórmulas de guerra posibles, todos los planes B, inclusive una cuya mención genera rechazo frontal inmediato en el país: la intervención de fuerzas multinacionales en el conflicto colombiano.

La revancha personal Sin duda, el manejo de la paz con todas sus audacias es el gran argumento para escoger a Andrés Pastrana como Personaje del Año, pero no el único.

Su victoria en las elecciones presidenciales tuvo muchos factores especiales. Lo primero es que se trató de su revancha personal, luego de cuatro años de ostracismo y silencio, de soportar el lastre de ser un mal perdedor , y de ser responzabilizado de la situación que le generó a Samper todas las condiciones que no lo dejaron gobernar.

Pastrana armó una campaña en medio año, que se manejó con milimetría estratégica, y con un orden táctico impresionante, y le amortiguó los vacíos y las debilidades conocidas del candidato en el campo económico y en política social.

Con todo, él mismo (siempre hablando en plural, como equipo) dio muestras de una tremenda habilidad política y publicitaria.

Política, al conseguir la adhesión de Alfonso Valdivieso, un traspiés para la tercería de Noemí Sanín y una cabeza de playa para que muchos liberales serpistas aterrizaran después.

Publicitaria, por los aciertos en golpes de opinión como el apoyo de Gabriel García Márquez (más allá del bien y el mal en asuntos de política), y la adhesión de Tirofijo .

Por estos aciertos, entre otras cosas, Pastrana consiguió pasar del quinto lugar en las encuestas en diciembre del 97 al primero en marzo del 98, con solo cuatro meses de campaña.

El otro elemento fundamental que hace del Presidente el personaje del año es que con él parece empezar a cerrarse una era política signada por un bipartidismo corrupto y hegemónico.

Sin ser independiente realmente, y teniendo muchos nexos con ese bipartidismo, Pastrana es el personaje de transición que las circunstancias históricas parecen haber puesto allí para abrir un nuevo período de la política, del que inicialmente solo se aprecia una incertidumbre de movimientos independientes e incipientes proyectos alternativos.

La foto con Bill Muchos analistas coinciden en que casi tan importante como la foto de Pastrana con Tirofijo de junio, fue la imagen, dándole la vuelta al mundo, del Presidente con Bill Clinton en agosto.

Y es que uno de los temas que más amargó a los colombianos en los pasados cuatro años fue el tremendo deterioro de las relaciones entre Colombia y Estados Unidos.

Con Samper, Estados Unidos consiguió entablar una extraña relación de odio y conveniencia. En esa compleja relación mantuvieron al Gobierno colombiano en la picota mundial, mientras lo amenazaban con castigos económicos y conseguían de él que les gestionara y obtuviera todos (o casi todos) los puntos impuestos en una agenda unilateral.

Antes de posesionarse, Pastrana consiguió ser recibido por Clinton, y a los dos meses de estar en el poder estuvo en visita oficial de Estado, una invitación a Washington que solo se produce una vez al año, y que únicamente han conseguido Eduardo Frei y Ernesto Zedillo, presidentes de Chile y México, en los seis años que lleva Clinton en el poder.

Pastrana asumió allí otro riesgo con respecto de la paz: venderla en el mismo paquete del narcotráfico e imponer la idea de que la solución a ambos problemas va paralela, y depende en buena medida de un apoyo, incluida financiación, de la comunidad internacional.

Con ese libreto, bien recibido además por los altos círculos de poder estadounidense, Pastrana volvió cargado con varios créditos de la banca mundial, con aportes en dinero del Congreso de E.U. para la paz, pero sobre todo con la sensación y el ánimo de haber arrancado una nueva era de relaciones con E.U.

Este es el personaje del año. Sin duda, todo lo tiene por hacer; no tiene nada ganado e inclusive, para él lo más difícil no ha llegado. En el fondo su gran riesgo es haber abierto demasiadas ilusiones en un país que parece haberlas perdido hace rato.