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MODERACIÓN

El proceso de concertación del salario mínimo, que se adelanta cada año entre los representantes de los trabajadores, del gobierno y de los empresarios, empezó mal. Los sindicalistas han hecho saber con particular vehemencia que no transarán por nada inferior a un aumento que exceda en cinco puntos la inflación del 98. Incluso han amenazado con un nuevo paro si no se acoge su petición.

02 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

En primer lugar, hay que ser realistas. Pensar en un incremento de semejante magnitud es sencillamente absurdo. Sería el mayor estímulo al desempleo, puesto que con el nuevo nivel de remuneración propuesto muchas empresas tendrían que reducir su nómina. La industria nacional, el comercio, el sector financiero, la agricultura - prácticamente todos los sectores de la economía- atraviesan por el peor momento en la historia económica de nuestro país. Entonces, pretender aumentar el costo laboral en esas proporciones equivale a empujar al precipicio a los que frágilmente sobreviven.

Flaco servicio le prestan los sindicatos a la clase trabajadora con posiciones que no consultan la gravedad de la coyuntura económica. La situación demanda moderación, mucha sensatez. Es cierto que la clase trabajadora ha tenido y tendrá que hacer muchos sacrificios, pero igualmente es cierto que los empresarios han recibido y recibirán duros golpes que les quitan el aire, el margen de maniobra para acceder a esta onerosa exigencia. Y el gobierno, en bancarrota en sus cuentas, tampoco tiene espacio financiero para pagar esos sobrecostos.

Estamos de acuerdo con las intenciones del gobierno - camino que debería seguir la empresa privada- de tener un ajuste salarial que en su promedio ponderado sea equivalente a la meta de inflación para el 99, es decir, 15 por ciento. Y apoyamos la idea de hacer aumentos más elevados en los niveles bajos de ingresos y menores incrementos en los salarios más altos. Esta progresividad en el manejo salarial , que protege a los de menores recursos, hace sentido económico y social.

El palo no está para cucharas. Simplemente no hay ninguna posibilidad de aceptar la demanda sindical que además vino mal acompañada de amenazas que rechazamos. Con todo respeto le pedimos a los sindicatos que se sintonicen con la dura realidad y que no contribuyan a empeorarla.