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HAY ESPERANZA

A pesar de tantas tragedias y de tantos sufrimientos, los colombianos ven el porvenir con más esperanza y con menos desconfianza. Es la conclusión que se puede sacar si se analiza con cabeza fría la encuesta que publicó EL TIEMPO el sábado antepasado. Y aunque el tema de la paz o el problema de la guerra no aparece incluido dentro del temario de inquietudes sugeridas a los encuestados, es evidente que la aspiración más grande la que tenemos todos desesperadamente es poder volver a vivir en relativa paz. Esa paz que, en inolvidable frase del maestro Darío Echandía, se reflejaba en el hecho de que en Colombia se pudiera pescar de noche sin sufrir mayores riesgos. Dejando aparte ese tema primordial de la convivencia pacífica, sobre el cual tantas jornadas, esfuerzos y pasos adelante ha dado este gobierno, tropezando y cayendo algunas veces, la encuesta del sábado revela más cifras positivas que negativas, más optimismo que pesimismo. Actitud importante que contribuirá, en gran medida,

28 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

A la gran pregunta de la encuesta sobre expectativas para 1999, el 92 por ciento de los encuestados respondió que, en el año entrante, estará feliz; 87 por ciento cree que tendrá mejor salud; con mejores servicios, el 72 por ciento. Y en cuanto a oportunidades económicas, el punto negro de todas las encuestas anteriores aparece ahora con 66 por ciento de mejores oportunidades, más un 60 por ciento de esperanzas sobre futuras expectativas de trabajo. Y en asuntos más íntimos como la unidad familiar, más acercamiento a Dios y a la religión, más estabilidad en la relación de pareja, las respuestas no pueden ser más alentadoras: 89 por ciento dijo sí a una mayor unidad familiar; para el 89 por ciento habrá más religiosidad; más estabilidad conyugal para el 80 por ciento.

Estos datos, que son apenas un reflejo del ser y del sentir de 36 millones de colombianos, a pesar de que se reducen a lo que piensan y opinan solo seiscientas personas mayores de 18 años, reclutadas al azar en todas las clases económicas de las cuatro ciudades más grandes de Colombia, sí muestran una tendencia que debe ser convenientemente evaluada. Porque, a mi juicio, se nota un renacer de la fe, se nota confianza en la gente que nos maneja, se nota, en medio de las dificultades, un renacer de la espiritualidad y un afianzamiento de valores tan decaídos como la fidelidad. Y todo esto, en conjunto, muestra una actitud positiva y significa una fuerza mayor para enfrentar con valor todo lo malo que tendrá que venir, inevitablemente, en 1999.

Sin hacer como el avestruz, que entierra la cabeza en la arena para no ver lo que sucede alrededor, los colombianos que nos representaron en esta encuesta están diciendo con sus respuestas que hay esperanza. Mensaje que para el Gobierno es muy elocuente. Porque es un tácito respaldo al esfuerzo que viene haciendo. Y esfuerzo que debe intensificar para no defraudarnos.