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DESPEJE EN COMUNICACIONES

Es difícil dejar de referirse a la caótica realidad que vivimos y al poco o ningún rechazo ante el crimen, el secuestro, el terror y el narcotráfico que nos agobian y nos conducen a un callejón sin salida, donde los clamores del pueblo no son oídos y donde el Gobierno y el Estado parecieran incapaces de movilizarse y extirpar estas lacras que devoran una sociedad inerme e indolente. La insensatez es de marca mayor, el desmantelamiento no cesa, ya Tirofijo expresó al Alto Comisionado su complacencia por que se hubiese cumplido el retiro de las comunicaciones de Girasol. Sin Patascoy, sin las repetidoras de Girasol, sin las torres de San Vicente del Caguán y sin satélite, se le impide al Ejército monitorear y comunicarse con sus patrullas, exponiéndolo a graves reveses dentro o fuera del área despejada.

05 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Los 130 soldados del Batallón Cazadores que aún permanecen en los cuarteles de San Vicente del Caguán constituyen la última avanzada que de dignidad le queda a Colombia. Sin embargo, los altos dignatarios de la paz claudicante se refieren a este grupo de patriotas como escollo para paz , el último impasse , un pequeño problema por resolver y salvamento de obstáculo ; otros, para no disgustar a Tirofijo y darle contentillo, han sugerido quitarles el uniforme a los soldados, reemplazarlos por milicias policiales, convertir los cuarteles de tropa en cuarteles de la Cruz Roja, del Sena, seminario religioso, territorio neutral o laboratorio de paz ; y hay quien dice que los soldados deben quedar a órdenes de un subteniente o un teniente y en ningún caso a órdenes de un capitán, un mayor o un coronel.

Ya el presidente Pastrana, en reciente intervención ante los ministros de Defensa del hemisferio, fue enfático en decir: Removeremos los obstáculos . Supongo que los obstáculos por remover sean los soldados de San Vicente y, con ello, cumpliendo quizás otro compromiso secreto, desconocido hasta por el ministro de Defensa Nacional y por el pueblo colombiano.

Si las cosas siguen como van, sin vislumbrarse el liderazgo y la voluntad política de sacar a los 36 millones de colombianos del atolladero en que los han metido, no queda más remedio que convocar al pueblo a la movilización nacional y exigir el cumplimiento de sus deberes a quienes se rehúsan a gobernar, a garantizar la vida, la honra y los bienes de los colombianos y a quienes con sus acciones u omisiones se convirtieron en cómplices del delito y la barbarie.