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DICTADOR A MEDIAS PARA UN PAIS A MEDIAS

La historia encuentra a los personajes que necesita, escribió Zweig. Podía estar pensando en Gustavo Rojas Pinilla y en el desarrollo político colombiano de mediados de siglo: un país donde ningún proceso se termina, necesitaba un dictador que no acabara ningún proceso. Y sin embargo -esta es la paradoja- Rojas fue el acelerador y a un mismo tiempo el freno de algunos de los cambios más radicales que vivió Colombia durante los últimos cien años.

06 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

En efecto, el rasgo dominante en la personalidad de Rojas era el que menos necesitan los dictadores: el General era indeciso. Y esto, que solo ocurre en Colombia (y que además vino a ser nuestra bendición) quedó perfectamente claro en las fechas decisivas de su vida pública: 13 de junio de 1953, 10 de mayo de 1957 y 19 de abril de 1970 -El día que tumbó a Laureano Gómez, Rojas no estaba decidido a tomarse el poder. l mismo le ofreció la Presidencia a Roberto Urdaneta, quien la venía ejerciendo hasta el día anterior. Sólo ante la negativa del designado y a instancias de Ospina Pérez, el General tuvo que hacerse cargo -temporalmente- del Gobierno.

-El día que a Rojas lo tumbó un golpe de opinión , el General no estaba decidido a mantener la dictadura. Tras un ir y venir de pareceres, optó por no sacar las tropas a la calle, por no abrir los bancos a la fuerza y por pedirle al general Navas Pardo que negociara su salida.

-El día que a Rojas le robaron las elecciones (según dice ahora el propio Mingobierno de la época) y después de dudarlo por buen tiempo, el General desautorizó la movilización popular y comenzó a desdibujarse en el olvido.

Cada uno de estos tres episodios tiene un trasfondo, un sentido y un sabor típicamente colombianos: -l 13 de junio se produjo el único golpe militar de nuestro siglo XX; y fue un golpe por invitación, no por iniciativa de las Fuerzas Armadas. Es más bien de quitárselo; Laureano era la derecha y Rojas era en efecto, un regreso hacia el centro. Este país es centrista.

-El 10 de mayo fue pacífico porque Rojas en realidad no había creado el aparato represivo que los dictadores crean en todas partes. El general fue un invitado por los civiles -y un invitado muy popular- que se volvió agalludo y acudió sucesivamente a las instituciones, al populismo y a los medios para mantenerse en el poder. Este Estado es demasiado débil para que nadie mande por la fuerza.

-El 19 de abril no pasó nada porque la Anapo era un coctel de ex sargentos, ex curas, gamonales y socialistas, con un poco de militancia y un mucho de montonera, con más paternalismo que organización, y con la ambigedad insalvable entre una base social potencialmente revolucionaria y un jefe conservador por formación e instinto. El movimiento popular de este país vive embolatado entre sus intereses y sus creencias, entre el intento de autonomía y el arribismo de sus dirigentes. Y, sin embargo, con Rojas o a través de Rojas, se moldeó el papel de tres actores decisivos en la historia -y en el presente- de Colombia: el de los partidos, el de las Fuerzas Armadas y el del movimiento popular.

(a) Nadie como Rojas hizo tanto por derrotar los partidos, y nadie acabó haciendo tanto para consolidarlos: Primero, el golpe del 53 resolvió una disputa inzanjable entre conservadores, pero también acabó con la hegemonía conservadora. Después, desde el poder, Rojas trató de armar su Tercera Fuerza a partir del binomio pueblo-fuerzas armadas , lo cual condujo a la formación del Frente Civil y a esa dictadura bipartidista que se llamó el Frente Nacional. Y, luego, ya en Everfit, Rojas llegó a ser la mayor amenaza electoral del siglo a los partidos tradicionales; pero el lánguido final de la Anapo dejó sin aire a las tercerías para mucho tiempo.

(b) Nadie como Rojas politizó tanto a las fuerzas armadas, y nadie acabó por contribuir tanto a despolitizarlas. Desde el 9 de abril (cuando era Coronel en Cali), Rojas había tomado partido por Ospina (quien lo nombró Ministro de Correos y Telégrafos). A partir de 1953, los militares se fueron encariñando con el poder, y en el 56 empezaron a organizar su propio partido de gobierno; pero el Jefe Supremo se había endiosado para entonces, y esto causó malestar entre los generales. Tal fue el origen de la Junta Militar, la transición pactada con Alberto Lleras para entregar la cabeza de Rojas a cambio de historia de Colombia hasta nuestros días: los militares no dan golpes ni se meten en asuntos partidistas, pero los civiles no se meten en asuntos militares. Las Fuerzas Armadas pasan a ser un gueto y el manejo del orden público queda en sus solas manos. Los militares se sienten solos en la guerra y la guerra queda sin dirección política. Después de Rojas, quedamos pues con un Ejército despolitizado para bien y, también, despolitizado para mal.

(c) Rojas no fue el caudillo popular más destacado del siglo (Gaitán ocupa este sitio): pero sí fue el gobernante más populista del siglo. Es de la misma época y es lo más parecido que tuvimos a Perón en Argentina, Vargas en Brasil, Arbenz en Guatemala, Paz Estenssoro en Bolivia, Velazco Ibarra en Ecuador o Carlos Ibáñez en Chile. Esta lista ya de por sí sugiere una generalización interesante: el populismo funciona donde hay bonanza económica y sirve para traer las masas urbanas a la política; pero es una mezcla insostenible de acumulación capitalista y justicia social, que acaba en bancarrota. Rojas tuvo su boom cafetero en el 54 y su despelote económico en el 56: por eso pudo practicar apenas una especie de minipopulismo (el de Sendas, el INA o el Banco Popular Hipotecario). Y la Anapo sacó su fuerza de las masas urbanas y del recuerdo, pero heredó la ambigedad irremediable del populismo como proyecto político. Las elecciones de 1970 fueron el punto de quiebre: Pastrana se dedicaría a recuperar las masas urbanas para el sistema (empleo masivo en la construcción, el Upac, el R4.... y el Disneylandia financiero), mientras la Anapo se repartiría un poco hacia la izquierda (el M-19) un más hacia la derecha (la de María Eugenia) y un mucho más hacia la desmovilización política de los sectores populares.

En medio de su ambivalencia -y también debido a ella- Rojas es pues el resumen de las fortalezas y las debilidades del sistema político colombiano. Una democracia electoral estable -como demuestra Rojas, la excepción- cuyo valor inmenso no se aprecia sino cuando no se tiene. Una democracia excluyente de dos partidos. Un estado de derecho que convive con la violencia y la guerra encerrada en su gueto. Un orden económico que no erradica la pobreza, pero que va soltando gotas a los pobres. Una democracia llena de confusión. Pero una democracia: nuestra democracia.

MILITAR PRESIDENTE GUSTAVO ROJAS PINILLA Nació en Tunja el 12 de marzo de 1900; murió en Bogotá el 17 de enero de 1975. Hijo de Julio Rojas Jiménez y Hermencia Pinilla Suárez; bachiller en 1917 en el Colegio de Boyacá. En 1920 obtuvo su grado de subteniente. Estudió Ingeniería Civil en el Three State College, en E.U., título que alcanzó en 1927. Se volvió a vincular al ejército en 1932 a raíz del conflicto con el Perú y llegó a Capitán. En 1936 viajó a Alemania y obtuvo título de Mayor. En 1942 fue nombrado director de la Escuela de Artillería y en 1943 fue enviado a E.U. En 1945 fue director de la Aeronáutica Civil y ascendido a Coronel. Entre 1946 y 1949 fue comandante de las brigadas de Tunja y Cali, donde cumplió un destacado papel durante el 9 de abril. En octubre de 1949 obtuvo grado de General y fue encargado de la Dirección General del Ejército y el 3 de diciembre fue nombrado ministro de Correos y Telégrafos. Fue comandante de las FF.AA. hasta el 13 de junio de 1953 cuando encabezó el golpe contra Laureano Gómez. Presidente hasta el 10 de mayo de 1957, cuando entregó el mando a una Junta Militar. En marzo de 1958 fue despojado de sus derechos políticos, que sólo recobró en diciembre de 1966; creó la Alianza Popular, Anapo, movimiento con el que casi alcanzó la presidencia en 1970 y que el 13 de junio de 1971 fue oficializado como Tercer Partido; en 1974 fue elegido Senador.