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RÁPIDO, CORTITO Y NEGRO... CAFEZINHO

De entre todos los pibes de la barriada, allá en mi infancia rosarina, había uno que movía lindo la pelota, tenía buen físico y hacía goles. Era el crack de la zona y se decía que lo iba a fichar Central Córdoba. Para nosotros era un estandarte, el rey de oro con que nos defendíamos en los desafíos con otros cuadritos vecinos. Era un negro feo y trompudo del que nunca supimos el nombre, solo el apodo: Berenjena . No hacía falta más. En mi vida escuché apelativo más preciso: ese muchacho era una berenjena.

06 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

De aquel tiempo me quedó el interés, acaso la afición, por los apodos, tan comunes en Latinoamérica, tan nuestros y tan simpáticos, tan gráficos y graciosos. El fútbol es una usina generadora de miles de apodos. Sabrosos, con extraordinario poder de síntesis, típicos del ingenio popular. En los 60 y 70 , cuando estaban de moda las máquinas de tejer Wanora, había un zurdo en Talleres de Córdoba de increíble dominio del balón. Decían que bordaba y tejía con la pelota. La tribuna lo inmortalizó como la Wanora Romero.

Naturalmente, estamos hablando de motes que van más allá del Tito , Pepe o Cacho , sobrenombres tan usuales que no generan mayor atención ni despiertan la menor hilaridad. Hay un arquero, actualmente en Platense y que jugó en Millonarios, con gran físico, bien varonil, pero su rostro blanco y sus rubios cabellos lacios tienen un dejo femenino. Cuando estaba en las inferiores de Ferro, sus compañeros de la pensión, terribles verdugos, lo bautizaron Teresa . Es Fabián Cancelarich.

No es el único de género femenino. Hubo cantidades, como la Pepona Reinaldi, la Chocha Casares, la Vieja Reinoso, la Tota Rodríguez, la Garza Guzmán, la Porota Barberón En el célebre equipo de Millonarios del 48 al 53 actuó como puntero izquierdo Reinaldo Mourín, conocido como Cara de Auto . Las fotos no mienten: tenía la trompa de un Chevrolet 45. De estos apelativos compuestos hay para elegir. Uno bueno es el de Dionisio Arce, centrodelantero paraguayo que triunfó en el Lazio italiano. Cuentan que tenía un físico rarísimo: muy ancho de hombros, se reducía en la cintura y era finito de piernas. Por eso le pusieron Funda de Arpa . Un compatriota suyo, por el contrario, era jamonudo de piernas. Se llamaba Sindulfo Rojas y jugaba en Rubio Ñú. Le decían Pata e Cama . Hubo más, Cara de Olla , Pata e Catre . En el barrio había un nueve al que llamaban Cabeza e Perro . Era perfecto: solo le faltaba ladrar.

Hay otros tantos muy bonitos, con los que uno se apega por gracia. Vitamina Sánchez, Pastelito Díaz (otro paraguayo); la Bruja Verón, el Bicho Flotta, Madera Outes, Cucurucho Santamaría, el Ropero Díaz (porque era cuadrado y grandote), Lulú Sanabria (porque parecía una bailarina), Cucaracha Sánchez, un puntero tucumano que jugaba en Racing; la Rana Valencia, el Yacaré Báez; la Oveja Telch, el Lobo Fischer, el Perro Castronovo (goleador de una Copa Libertadores), el Gato Andrada (a quien Pelé le marcó el gol número 1.000), el Víbora Brítez, el Laucha Ríos, el Rata Rattín, el Caballo Killer, la Araña Amuchástegui (luego surgió un puntero parecido a él y le pusieron la Arañita Villagra), el Polilla Da Silva y su hermano el Polillita , Mosquito Fernández, el Hormiga Negra Alzamendi, el Galgo Dezzotti De estos hay mil. El famoso Cotorra Míguez, centrodelantero de Uruguay la tarde del Maracanazo Los uruguayos tienen algunos buenísimos. Dos grandes futbolistas, ambos de Nacional y muy delgaditos merecieron apelativos magníficos: José Miseria García y Héctor Ciengramos Rodríguez. También hay para aquellos excedidos de peso: la Chancha Rinaldi, la Gorda Rodríguez, el Panza Videla En los últimos tiempos tomamos conocimiento de uno magnífico, sencillo, pero con la gracia serena de los brasileños. Hasta fines del año pasado jugó en Vasco de Gama un puntero rapidito, chiquito y negro. Se llamaba Da Silva, o Fonseca, o Dos Santos, como la mayoría de los brasileños. Jugaba con el seudónimo de Cafezinho .

Hasta no hace mucho ofició como utilero de Racing un sujeto de avería, a quien habían dado por muerto. Lo levantaron de la calle una madrugada, después de una refriega, con tres tiros en el abdomen. Pasó la noche entera en la morgue todo tapado con una sábana blanca. Por la mañana, el forense comenzó su rutina justamente con él. Cuando fue a abrirle el pecho para practicarle la autopsia se percató de que aún le latía débilmente el corazón. Estaba vivo! Casi murió de la sorpresa el galeno. El episodio le dio fama entre el malevaje y se convirtió en guardaespalda del presidente de Racing. Luego, en utilero.

Como era gigantesco de físico y muy morocho de piel, cada vez que se te acercaba era como que desaparecía el sol. Le pusieron Sombra . Genial.