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EL AÑO ECONÓMICO

El calendario que está por concluir quedará grabado en la mente de los colombianos como uno de los más duros y difíciles de esta parte final del siglo XX. De un cierto optimismo al iniciarse, se hizo tránsito a la angustia del tercer trimestre signado por los eventos de la crisis externa, para terminar, ahora, en un ambiente de mayor tranquilidad. Y con la expectativa de lo que nos pueda deparar 1999 tanto en el frente interno que estará dominado por el proceso de paz como en el externo, en cuyo horizonte subsisten aún nubarrones inquietantes.

29 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

La dificultad de 1998 se reflejó en la desaceleración de la producción, que se convirtió en una contracción en los dos últimos trimestres. La industria, el comercio y la construcción fueron los sectores más afectados. En particular el último de éstos, que enfrentó una severa caída en las ventas de viviendas nuevas y una fuerte restricción por el lado de la financiación. La consecuencia del receso global en la producción y en la construcción no podía ser otra que la elevación del desempleo, que muestra una de las cifras más altas desde cuando se llevan las estadísticas respectivas.

El origen de la reducción en el ritmo de crecimiento económico y de la elevación del desempleo se encuentra en los desequilibrios en las finanzas del Estado en el déficit fiscal y en las cuentas externas en el déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos del país. La expresión de estos desequilibrios fue una tasa de interés exageradamente alta a lo largo del año, en particular desde mediados del mismo cuando se manifestaron con fuerza los efectos de la crisis financiera internacional y se presentó una salida generalizada de capitales de los llamados países emergentes, Colombia entre ellos. De ahí la urgencia de actuar para corregir estos déficit, que condujo al nuevo Gobierno a implantar un programa de recortes presupuestales y de aumento de los impuestos, a tiempo que la Junta del Banco de la República desplazaba la banda cambiaria, en septiembre, dando lugar a una devaluación de facto de 9 por ciento en el peso colombiano.

Al terminar el año, y después de un debate agitado entre los expertos, se reconoce que las medidas del Gobierno y del Banco de la República, la declaratoria del estado de emergencia económica para prevenir situaciones de quiebra en las entidades del sistema financiero, y las leyes que en materia tributaria aprobó el Congreso Nacional en la legislatura que concluyó el pasado 16 de diciembre, fueron las correctas para enfrentar la angustiosa situación que se registraba en los diferentes frentes en el mes de agosto.

Ese dictamen ha sido corroborado por las evaluaciones realizadas por el Fondo Monetario Internacional y por las agencias internacionales de calificación de riesgos Moody s y Standard & Poors, lo cual explica, en muy buena parte, la mayor tranquilidad que se respira al expirar 1998 y el renacer de la confianza en la economía colombiana por parte de inversionistas nacionales y extranjeros.

Los indicadores de final de año permiten recibir a 1999 con un grado razonable de optimismo. La inflación se situó en la meta fijada por el Emisor, en parte como consecuencia de la recesión pero también de las abundantes cosechas de alimentos. El precio del dólar cayó abruptamente en las ultimas semanas del año, calmando las expectativas de devaluación y aliviando los balances de muchas empresas endeudadas en moneda extranjera. Y los salarios se reajustan en una proporción que tiene en cuenta la realidad de una economía con un problema agudo de desempleo.

Ojalá la Providencia siga iluminando a los colombianos en el nuevo año. En especial a quienes tienen la responsabilidad del proceso de paz. Porque una Colombia en paz sería, sin duda, una nación más dinámica en lo económico y con mayor capacidad para cor