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AÑO DE TRANSICIÓN

En 1998, los colombianos hicimos una sola cosa: no elegir a Horacio Serpa. Los demás hechos públicos fueron corolarios de no elegir a Serpa, correcciones de lo que había hecho Serpa, o simples incidentes. Es más: no elegir a Serpa significó menos aquí que fuera de Colombia. Y es porque nuestra historia reciente ha dependido más de las relaciones exteriores que de la evolución interna de la economía, la política o la cultura.

29 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Fue así: la globalización y el nuevo orden unipolar nos agarraron con los calzones abajo. El viejo país violento, impune, emprendedor y costero tenía todas las ventajas competitivas para atender la demanda de narcóticos que hace veinte años dejaron disparar las sociedades industrializadas. Y este aislado Tíbet , esta potencia moral , esta Suiza de América , se convirtió en el Macao de la droga, en la potencia inmoral, en la narcodemocracia .

Que nos guste o no nos guste, la industria criminalizada decidió nuestro camino. O alguien puede entender a Betancur sin el asesinato de Rodrigo Lara, a Barco sin el narcoterrorismo, a Gaviria sin La Catedral, a Samper sin el 8.000 o a Pastrana sin Samper? Cuando llegó la globalización, quisimos vivir del petróleo y de los altos intereses: la economía modelo de otro tiempo pasó a la sala de cuidados intensivos. Cuando llegó la integración subregional, nosotros llevamos muerte a las fronteras: somos un riesgo para los vecinos. Y cuando llega el Siglo de la Tierra, seguimos dedicados a destruirla: somos delincuentes ambientales.

Por eso, el drama de Samper no fue local sino internacional. Por eso, sus cuatro años fueron años perdidos. Por eso, los primeros siete meses del 98 duraron tanto más y trajeron tanto menos que los últimos cinco. Por eso, la no elección de Serpa fue la única noticia verdadera. Y por eso, este fue el año de la transición.

Lo demás fueron corolarios de no elegir a Serpa. El primero y más obvio, la ardiente luna de miel con Washington. El segundo menos obvio, la negociación iniciada con las Farc por cuenta de la DEA, y con el Eln por cuenta de Alemania. El tercero y, por causa de Fabio, más dudoso, la manoseada reforma política .

Lo demás fue corregir cosas que Serpa dejó hechas. En esto consistió y a esto se redujo la política económica del nuevo gobierno. Parar un poco el tren de la alegría que habían montado los sindicatos oficiales, recortar el gasto a machetazos y subir descaradamente los impuestos. Evitar la quiebra de la banca en nombre de los pobres y en provecho de los ricos.

Lo demás fueron incidentes. Masacres, quiebras, escándalos, nombramientos, proyectos de ley, licitaciones y reinados.

Pero nos falta un detalle para saber qué tan lejos llegará esta transición: cuál será la actitud del Gobierno frente a los narcos y la actitud de los narcos frente al Gobierno?