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TEATRO

LO MEJOR 1. El león y la domadora . La obra del grupo Mapa Teatro, de Rolf y Heidi Abderhalden, fue la mejor pieza teatral del año. La historia de una domadora que se lanza al mar con su león se recreó bella e ingeniosamente.

30 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

2. Las bacantes . Theodoros Terzopoulos, del grupo griego Attis, vino y dirigió a un grupo de actores colombianos. Teatro clásico pero con elementos contemporáneos y basado en la energía del actor.

3. Hienas, chacales y otros animales carnívoros . Fabio Rubiano y Javier Gutiérrez crearon la obra más loca y transgresora del 98. Aquí la polémica fue por el apoyo en aparatos tecnológicos y otras maneras de comunicarse. Un trabajo complejo y sólido.

4. Fresa y chocolate . El director cubano Carlos Díaz, del grupo El Público, trajo la versión para tablas del cuento que se hizo en cine. Senel Paz reescribió la obra para teatro y Diaz logró un montaje hermoso y nostálgico con las actuaciones de tres superactores, entre ellos Vladimir Cruz (actuó en la película).

5. Las convulsiones y Se necesita gente con deseos de progresar . El polaco Pawel Nowicki optó por la dramaturgia nacional al montar esta pieza de Luis Vargas Tejada. Fue el debut teatral de Juanita Acosta. La segunda es la historia de un grupo de desempleados que sirvió para crear una pieza de humor negro protagonizada por Katherine Vélez, Marcela y Ernesto Benjumea y dirigida por José Domingo Garzón.

Además, 1998 fue el año del VI Iberoamericano de Teatro y de los 30 años del Festival de Teatro de Manizales; dos eventos que muestran la cara amable del país y nos permiten ver espectáculos y conocer artistas que de otra manera jamás llegarían al país.

Además, se destacaron En carne propia, de Miguel Torres, sobre el drama de un secuestro; La huella del camaleón, pieza de danza de Tino Fernández; La suite de los espejos, sobre la vida de Federico García Lorca y por el grupo Umbral Teatro, y el remontaje de Los tiempos del ruido, de Eddy Armando y su Teatro La Mama.

Este año además fue el del descubrimiento de dos talentos escénicos: Pedro Rozo creó Club suicida busca (Una de las piezas más taquilleras del año) y Juliana Reyes montó Ad portas, sobre el desamor.

LO PEOR 1. Retrato desde 2.651 metros . Un vietnamita y una holandesa (Phillipe Eustachon e Ivett Rotscheid) crearon una pieza pretensiosa a partir de las historias de personajes comunes. Una pieza que puso en escena todos los complejos y prejuicios de los extranjeros. Lo peor del año.

2. Infante de la luz . El grupo palestino Al-laz presentó este monólogo durante el Iberoamericano. Era una cosa sin pies ni cabeza y en la que la actriz se dedicaba a cantar y bailar muy mal.

3. Mujeres bajo sospecha . Aunque el autor, Alvaro Campos, ganó el Premio Nacional de Dramaturgia por este texto, el montaje de su grupo (Gangarilla) fue un bodrio que pretendía contar el drama de seis mujeres. Lleno de lugares comunes.

4. Fama . Un grupo de bailarines, venidos de Venezuela, trajo la versión del musical de Broadway. Hubiera sido mejor quedarnos con la nostalgia de lo que se vio en cine y televisión, pues aunque había buenas voces y coreografías, la historia era totalmente sosa e ingenua.

5. Art y Arrebatos de mujeres . El primer trabajo, del Teatro Nacional, aunque estaba bien montado pasó sin pena ni gloria, pues se demostró que hay trabajos que aunque triunfen en otros lados nada tienen que ver con nuestra realidad. Art era demasiado snob . Arrebatos de mujeres fue un remontaje del Teatro La Mama en el que las actrices dejaban mucho que desear. Era la historia de ocho mujeres secuestradas.