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LA SUERTE DE VENEZUELA

Este domingo después de cuarenta años ininterrumpidos de sucesivos gobiernos que representaron a uno y otro partidos los venezolanos asistirán a las urnas para elegir como su próximo Presidente a una de los dos figuras que montaron su andamiaje electoral en contra de las colectividades tradicionales: Hugo Chávez y Henrique Salas Romer. Y si algún tema identificó el tono de la contienda, éste fue la lucha contra la corrupción. Tanto Chávez como el propio Salas enfilaron sus críticas contra el sistema imperante en Venezuela, representado por sus dos viejos partidos.

06 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Esta fue la razón por la cual, ante el evidente desprestigio de las dos agrupaciones, el Copei apeló a una ex reina de belleza para que lo representara como su candidata presidencial. Intento que no podía durar mucho tiempo, como lo comprobaron los resultados de las votaciones del pasado 8 de noviembre para elegir senadores, diputados y gobernadores. La decisión tomada en favor de Irene Sáez por las directivas de Copei, manejada por el ex presidente Herrera Campins y por su Secretario General, fue la que originó la ruptura interna y le permitió a Salas Romer convertirse en candidato independiente.

Pero no sólo fue el veredicto de las urnas lo que obligó también a que Acción Democrática perdiera su candidato, antes de las elecciones de hoy. Las encuestas posteriores al 8 de noviembre indicaban un porcentaje inferior al 6 por ciento para el candidato de AD, Luis Alfaro Ucero, mientras que Hugo Chávez Frías se mostraba cómodo y triunfante con más del 45 por ciento. Ante este dramático contraste, el otrora todopoderoso partido blanco no tuvo más remedio que buscar una tabla de salvación para sus menguadas aspiraciones y consolidar su apoyo a Henrique Salas Romer, apenas una semana antes de los comicios.

El desconcertante y, en veces, hasta cómico espectáculo propiciado por los partidos políticos en los últimos días, no ha hecho más que confirmar el desdén y el desafecto con el cual los venezolanos de hoy justiprecian a sus dirigentes. Hugo Chávez Frías es, pues, el resultado de ese aparataje de los partidos partidocracia , lo bautizaron en Venezuela, que representa, según él, el origen de todos los males por los que atraviesa el hermano país. Por ello su discurso jamás necesitó de grandes esquemas ideológicos, ni de profundos pronunciamientos sobre los problemas reales del manejo de una economía que cada vez está más cerca de hacer agua: la caída acelerada de los precios internacionales del petróleo, su ineludible incidencia en la sociedad venezolana, y la casi nula participación de la organización estatal para cubrir un déficit fiscal cuyo monto y determinación escapa, inclusive, al magín de los más avezados.

Qué le espera a Venezuela en caso de un triunfo de Chávez? Difícil hacer un vaticinio alrededor de una figura tan contradictoria y que suscita tantas inquietudes, pues no sólo ha lanzado las más duras inventivas contra sus opositores, sino que también ha recurrido al doble discurso, según las expectativas del auditorio. Declaraciones suyas recientes han advertido que, una vez tomado el poder, procederá a la creación de células chavistas de seguridad pública, para que en cada cuadra, en cada urbanización, defiendan las conquistas del gobierno popular. Su fácil grandilocuencia también le ha servido para amenazar con defender por la fuerza un triunfo electoral que, de antemano, lo da por descontado.

Esa sed de venganza que subyace en el discurso político de Hugo Chávez ha sido, también, el acicate que ha despertado el temor en buena parte de la sociedad venezolana y que, de paso, ha facilitado el apoyo a las aspiraciones de Salar Romer. Si las maquinarias de Acción Democrática y Copei logran convencer así sea por última vez y en un angustioso llamado de última hora a sus respectivos seguidores para endosar sus votos en favor de Salas, éste podría recoger el respaldo suficiente en la provincia, como para equilibrar la fuerza incontrastable de Chávez en el centro del país.

Desde los tiempos de Juan Domingo Perón no se había visto que en América Latina la explosiva mezcla de moralismo y populismo poseyera tanto arraigo popular, como parece que lo encarna Hugo Chávez en la Venezuela de hoy. Le será acaso suficiente para llegar al Palacio de Miraflores y, desde allí, cumplir con el sueño inconcluso de Bolívar, como lo ha repetido a lo largo de su campaña? Esta noche lo sabremos. Gane quien gane, todo sea por el bien de Venezuela. Y también de Colombia, por aquello tan sabio de que a estas dos naciones todos nos une y nada nos separa , pese a diferencias fronterizas siempre superables.