Archivo

MÁS CORNADAS DA...

En la fiesta de los toros es tradicional decir más cornadas da el hambre , para justificar el que los muchachos de escasos recursos se lancen a la difícil profesión, muchas veces forzados por la situación económica personal y de los suyos. No es el caso de Manuel Díaz, El Cordobés . La gloria lo atrajo desde niño y, siguiendo la carrera de su padre, se lanzó a los ruedos. Ayer lo vimos en la primera página de este periódico, en una gráfica horripilante pero que merece todas las felicitaciones para el fotógrafo. El pitón le sale por la boca. Leyendo los partes facultativos, sin ser médicos, podemos asegurar que se salvó de milagro. Es la parte trágica pero indudablemente atractiva de la tauromaquia. Corridas de toros sin cornadas entrarían en una etapa de aburrimiento y decadencia. Cada año mueren uno o dos toreros y cientos sufren muy graves cornadas. Aunque se nos califique de bárbaros, debemos decir que eso es lo que mantiene viva a la llamada fiesta brava.

30 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Pensamos en El Cordobés padre, que debe de estar al lado de su hijo en estos momentos, recordando sus tardes gloriosas y también sus graves heridas, viéndolo sumido en el lecho de dolor por la cornada que recibió el calificativo de herida reservada, con lo cual se quiere decir que no es leve ni muy grave. Todo depende de la resistencia de Díaz. Pero, volviendo a la foto, qué impresión causa ver salir un pitón por la boca del torero, atravesándole el cuello. No rompió la aorta por esas cosas misteriosas de las cornadas, ni hirió otro órgano vital. En ese caso, estaríamos frente a un día de luto, y mucho luto, para la fiesta de los toros.

Este trágico episodio revive la polémica permanente entre partidarios y enemigos de la fiesta brava. Formamos firmemente en la fila de los amigos de las corridas, que nos llenan de pasión y nos ponen los pelos de punta, con lo que tal vez desfogamos el espíritu salvaje que casi siempre lleva el ser humano en su interior.

Claro que no podemos dejar de pensar en lo que debe de estar sintiendo El Cordobés , en su dolorosa convalecencia, en la posibilidad de su retiro o su deseo de volver muy pronto a los ruedos. Algo misterioso en la anatomía de quienes forman el mundo taurino es la resistencia a las cornadas. Una herida que tendría a un ser normal en la cama por semanas enteras, en los toreros tan solo los reduce al lecho por ocho días, para que, a los diez o doce o quince, vuelva a jugarse la vida.

No dejamos de impresionarnos con la foto publicada en la primera página de EL TIEMPO. Al ver el pitón saliendo por la boca de El Cordobés nos parece estar presenciando una escena inimaginable. Pero así son los toros. Ni la riqueza ni la gloria logran retirar a los toreros cuando llevan la vocación en su sangre. Claro que cornadas como esta de que hablamos han puesto fin a la carrera de otros toreros. Esperemos a ver qué pasa con El Cordobés II . Y, en todo caso, confiemos en su total recuperación, de la cual estaremos pendientes con el mismo interés con que seguimos su brillante carrera en los ruedos.