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REFLEXIÓN DE FIN DE AÑO

La mejor entrevista publicada en medio de comunicación alguno en Colombia a lo largo de 1998 fue, en mi opinión, la que le concedió el historiador inglés Malcolm Deas al escritor Héctor Abad Faciolince, aparecida en la revista Cromos a mediados de diciembre. Por lo que un observador que conoce como quien más al país puede comentar con franqueza y distancia sobre la manera de comportarnos los colombianos. Algo que nosotros mismos necesitamos comprender, para avanzar como sociedad y como país. Para hacer menos imposible la tarea de quienes nos gobiernan. Y para que, efectivamente, podamos algún día llegar a vivir en paz.

30 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

Para Malcolm Deas los colombianos llevamos por dentro un sentimiento de rechazo a la autoridad y, por lo mismo, llegamos muy rápido a las vías de hecho en la búsqueda de los fines que nos proponemos. Somos inmediatistas. Queremos, de buenas a primeras, llegar a la tierra prometida, a la utopía. Y creemos que para lograrlo basta con negociar unos principios generales: la reivindicación de los pobres , el rescate de los desposeídos , la igualdad y la justicia social . De ahí, cierto escepticismo sobre un proceso de paz que tuviera como premisa la búsqueda veloz de unos propósitos inalcanzables. Para Malcolm que excusará que lo trate aquí con cierta familiaridad hay que precisar lo que se busca y desterrar los enemigos imaginarios. La oligarquía o la clase dirigente que, a la hora de la verdad, no existen en Colombia.

Más que negociar en términos abstractos sobre la sociedad ideal, sobre el país imaginario, lo que habría que a hacer, concluyo yo, es dedicarnos a trabajar y a trabajar duro para construir un país mejor. Todos los colombianos. Los ricos, los pobres, los educadores, los estudiantes, los trabajadores urbanos, los campesinos, los funcionarios públicos. Entender que el desarrollo toma tiempo, por lo cual lo importante es, precisamente, no perder tiempo en discusiones que no conducen al progreso y que, por el contrario, lo retrasan. Y reconocer, como lo hace Malcolm Deas, que en las últimas cuatro décadas, los cambios sociales han sido muy grandes, que hay un gran crecimiento de la clase media, hay un cambio de gustos... Que la clase media aquí no es la misma, que los ricos son otros, que los colombianos son menos pobres que antes, son más educados que antes, tienen más acceso a los servicios necesarios que antes .

El año que está a punto de nacer va a estar signado por las conversaciones para la búsqueda de la paz. Ojalá no se caiga en la trampa de la retórica, en la cual es fácil entrar pero muy difícil salir. Y ojalá se consiguiera un consenso sobre la necesidad de alcanzar fines específicos. Integrar mejor las diferentes regiones del país. Conectar el oriente colombiano con el resto de la geografía nacional a través de una magnífica red de carreteras, de tal manera que se facilitara su desarrollo económico y social a través de la inversión privada en proyectos agroindustriales, en el cultivo de la palma africana, en el cual hay una ventaja comparativa internacional, y en la producción de aceite, en la siembra de bosques, para poner solo unos ejemplos. En fin, en el desarrollo de toda una parte de Colombia que ha estado aislada, que no ha tenido presencia del Estado ni, por consiguiente, de la iniciativa privada.

Es bueno, a estas alturas, recordar que mientras no haya creación de riqueza no puede haber mejoramiento social y que, por lo mismo, mal se haría en espantar a los creadores de riqueza del país, estigmatizándolos como los vampiros del capitalismo o los enemigos de los pobres. En la actualidad, no importa quién es el dueño del capital sino la forma en que sus beneficios se extienden a toda la población a través de la inversión y el empleo. De ahí lo inútil de discutir quién debe llevar a cabo las inversiones que el país requiere para desarrollar su potencial energético. Tampoco existe, como bien lo anota el plan de desarrollo de la Administración Pastrana Cambio para construir la paz , la antigua dicotomía entre la primacía del crecimiento económico o del desarrollo social . Muchos dilemas del pasado han perdido su vigencia, por lo cual lo que es urgente es encontrar los elementos que permitan la convergencia de muchas acciones individuales en unos propósitos comunes.

Las conversaciones de paz deberían estar orientadas a identificar esos propósitos concretos y comunes a todos los colombianos. No es una tarea sencilla. Pero estoy seguro de que es posible.