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UNA NOCHE PARA ENAMORADOS

La segunda corrida nocturna, con tres cuartos de entrada, aburrida y todo, tuvo cosas bellas.: una luna coqueta, que pagó tendido de sombra, porque ella solo va a sol en aquellos misteriosos días de eclipse; unos electrizantes quites de la terna, que anduvo en competencia con el capote; unos muletazos siempre surgen, aislados, que son como momentos inspirados de entrega e interpretación de los actores en las obras de teatro, aunque al escritor se le haya pasado por alto meterle argumento a la pieza.

31 de diciembre 1998 , 12:00 a.m.

La noche de luces del 29 no había argumento, que en tauromaquia se titula casta. Por eso la pieza salió aburrida. Y eso que hubo suficiente tiempo para mirar hacia la arena lunar o hasta para enamorarse en esa noche despejada.

El ganado de Fuentelapeña fue manso. Solo uno bueno, pero llegó a las manos aún faltas de suficiente técnica de Hernán Ruiz El Gino . Los demás, desiguales en presentación, fueron iguales en su falta de casta. Apenas se tragaban unos lances de capa.

El primero de Pedrito de Portugal quería irse por donde vino. Pero en la pica le revolvieron la sangre y se fue arriba por un momento. Pedrito le cuajó un par tandas. Pero pronto el toro volvió a lo suyo y el portugués tuvo que hacer un derroche de físico. Más atletismo que toreo. Después de tres pinchazos lo envió a la arena de los difuntos de un espadazo lagartijero.

Jugó con la capa en su segundo. Verónicas templadas que remató con media. Llevó por chicuelinas hacia el caballo y dejó con una serpentina. Y con el engaño rojo, comenzó con estatuarios para luego, casi haciéndole lamer la muleta al toro, lograr provocarle la arrancada y pegarle el muletazo, pero sin poder transmitir. Así cómo. Solo al tercer intento pudo decirle adiós al mansurrón.

Hernán Ruiz El Gino , tuvo inicialmente un toro muy distraído. Abellán saludó a Colombia con unos quites por chicuelinas. Y Gino le dio la bienvenida al responder con uno por navarras. Luego de magníficos pares de El Piña y Jhon Jairo Suaza, que saludaron desde el tercio, El Gino vio mejor el pintón izquierdo e intentó correr la mano. Pero poco pudo lograr y el toro se rajó pronto. Mató de pinchazo y estocada.

El quinto fue bueno. Lo lanceó con temple y quietud. Brindó al ganadero Fermín Sanz de Santamaría, pero lamentablemente este diestro carece del suficiente oficio, ese que dan las corridas, para haber podido cuajar una faena importante en este toro. Mostró ganas y logró buenos muletazos, pero interrumpía el beso en los momentos de más pasión. Mató, eso sí, de gran estocada.

Debutó Miguel Abellán. Pero la afición no lo pudo ver, porque no tuvo toros. Su primero se espantó con la capa. Y con la muleta acudió unas tres veces y otras cuantas al cuerpo del torero. Un pinchazo y tres cuartos de espada.

El sexto no produjo nada distinto a un tumbo. Y colaboró para los quites por chicuelinas y tafalleras de Pedrito y uno por gaoneras del matador en turno. El toraco se acobardó en tablas y no hubo poder humano. Dos pinchazos y dos descabellos. Sigue la expectativa por ver a Abellán, quien actúa hoy con Diego González y El Juli .

L.N.O.