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EL CAFÉ TAMBIÉN TIENE SU PINZÓN

Tal vez para muchos jóvenes manizaleños el nombre Carlos E. Pinzón Posada, cuyo retrato domina la sala principal de la Cámara de Comercio de la ciudad, nombrada en su honor, no se asocia con la historia de la capital caldense.

22 de noviembre 1997 , 12:00 a.m.

Pero los veteranos lo recuerdan como a un verdadero titán de la industria, un pionero en la comercialización y exportación del café.

Su empeño ayudó a que Manizales, que hace un siglo era apenas un pequeño poblado del suroccidente antioqueño, con una población menor a la de Salamina, se convirtiera en capital de un departamento (del cual se desprendieron tres)- y se posicionara hacia principios del siglo como uno de los ejes económicos del país.

La historia del café en Caldas comienza con Antonio Pinzón, el padre de Carlos E. Pinzón, quien en 1878 fundó El Aguila , la primera gran hacienda cafetera de la región.

Don Antonio conoció el café en su tierra natal, Santander, donde por primera vez se cultivó en grano en Colombia, tras ser traído por misioneros jesuitas desde Europa. Se casó en Medellín con Mercedes Posada y luego de unos años se establecieron en Manizales, un pueblo sureño del entonces Estado de Antioquia, en los límites con el Estado Soberano del Cauca.

Antonio Pinzón se propuso cambiar los hábitos de los manizaleños , comenta Albeiro Valencia Llano, quien es hoy profesor de Historia de Colombia de la Universidad de Caldas y tiene un doctorado de la Universidad Estatal de Moscú (Rusia). Quien lo creyera. Aquí en Manizales y en el Eje Cafetero el café era un producto exótico e incluso las familias de alcurnia no lo consumían, ya que estaban acostumbradas a tomar té importado de Londres .

Cómo aquí, la mayoría de la gente consumía -fuera de aguardiente- agua de panela, él les decía que tomaran esa bebida con café , recuerda Valencia Llano. Pronto, los periódicos de entonces que circulaban en Manizales, como Ecos del Ruíz y La Serenata, empezaron a publicar artículos y avisos sobre las bondades del grano, gracias en parte a las gestiones de don Antonio, uno de los primeros exportadores de café pergamino a Londres.

Su hijo Carlos, quien había nacido en Medellín en 1874, a sus 20 años, tomó las riendas del negocio de su padre, y se propuso construir un emporio económico, que llegó a ser en la segunda década de este siglo el más grande del país y uno de los más considerables de América Latina.

Mi padre era -para su época- lo que es hoy la Federación Nacional de Cafeteros. El sólo exportaba gran parte del café que se producía en Colombia , recuerda Emma Pinzón de Arango, quien tiene hoy 90 años.

Ella y sus hermanos Maruja y Alberto son los tres hijos vivos de don Carlos, quien tuvo ocho.

Carlos Pinzón fue quien realmente levantó el proceso de exportación del café en el país. En esa época, es decir, a finales del siglo XIX, el café salía a lomo de mula por el páramo hacia Honda y de allí en vapores por el río Magdalena. Debido a los elevados costos del transporte, al principio perdía plata cuando exportaba a Inglaterra y a Estados Unidos. Pero lo importante establecía los contactos del futuro , señala el profesor Valencia Llano.

Además, Carlos Pinzón adaptó maquinaria que importaba del exterior para el procesamiento del café. Durante la Guerra de los Mil Días él aprovecha para comprar terrenos a precios relativamente bajos.

En 1905 se creó el departamento de Caldas, con Manizales como capital. La llamada edad de oro de esta urbe -que comprende el período 1905-1925- coincide con el apogeo económico de el empresario, que ya tiene fincas cafeteras y trilladoras en casi todos los municipios caldenses.

Ante el Congreso impulsó dos de los proyectos más vitales para el desarrollo de Manizales. El primero fue la extensión del ferrocarril de Buenaventura a Cali hasta esta capital y el segundo, el cable aéreo en dirección a Mariquita.

Inclusive se consiguió ocho vapores para movilizar el café desde La Virginia hasta Puerto Isaacs en el Valle del Cauca y así reducir los costos de las exportaciones por Buenaventura. Varias personas reconocidas se vincularon a su emporio cafetero, entre ellos, los presidentes de la República Alfonso López Pumarejo y Mariano Ospina Pérez y el primer gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Manuel Mejía Jaramillo.

Maruja Pinzón recuerda que los presidentes Rafael Reyes y Carlos E. Restrepo lo llamaron como ministro de Hacienda, pero en ambos casos les contestó que no disponía del tiempo para atender otros asuntos. Su prestigió llegó al punto que el conocido diario estadounidense The New York Times lo bautizó: El Rey del Café de Colombia .

Recibía divisas de Norteamérica y Europa. Los importadores del país venían desde Bogotá y Medellín a su casona en pleno corazón de Manizales. Tenía tantas divisas que su casa se estaba convirtiendo en un lugar de cambio de moneda y por esto se propuso fundar los Bancos de Caldas y de los Andes, los más antiguos del departamento , comenta Valencia.

Aunque sufrió una quiebra entre 1920 y1921, calculada en más de cinco millones de dólares de la época, Carlos Pinzón obtuvo un préstamo por esa misma cantidad de parte de la firma norteamericana Huth and Company, con el cual se recuperó y aumentó su fortuna. Cuando murió en Nueva York en 1925, era la principal fuente de empleo de la región, superando inclusive al Estado.

Según las crónicas de la época, su féretro viajó por barco hasta Buenaventura y luego hizo un viaje por tren desde el puerto del Pacífico hasta Cartago. Gracias a un servicio férreo, que mandó la Gobernación de Caldas, llegó hasta Guayavito, desde donde una caravana de 200 jinetes lo acompañó hasta el cementerio San Esteban de Manizales. Allí descansan sus restos en el mausoleo de la familia Pinzón Hoyos.

Un telegrama de condolencia enviado a Adelina Hoyos de Pinzón, tras la muerte de don Carlos en 1925, lo conserva su hija Maruja y dice: La familia, el trabajo, la sociedad, y la patria están de duelo por la muerte de don Carlos. Fue un caballero y un titán , Carlos E. Restrepo.

Recuerdos de gloria Hoy en día, la hija menor de Carlos Pinzón Posada, Maruja Pinzón de Gómez, conserva muchos recuerdos de inestimable valor que provenían de la fortuna de su padre. Aunque ya ha vendido la mayoría de estos recuerdos, su casa sigue siendo una verdadera galería de museo.

Entre esos recuerdos están un conjunto de muebles vieneses del siglo pasado hechos en madera de rosa y una espléndida lámpara original de la ciudad de Baccarat en Francia, hecha en el siglo XIX.

También tiene objetos valiosos adquiridos más tarde, como un frutero de Capo di Monte y una jarra con grabados en oro, ambos hechas en el siglo pasado. Estos dos objetos, pertenecieron a la Casa de Savoya de Italia y fueron adquiridos a fines de la Segunda Guerra Mundial, cuando el pueblo italiano se tomó el palacio de Savoya en Milán luego del linchamiento público de Benito Mussolini y su novia Clara Petacci.

El hijo menor de Carlos Pinzón, Alberto, actualmente está vendiendo un enorme espejo francés enchapado en oro, hecho en el siglo XIX, al igual que un conjunto de sillas de estilo roccoco que acompañan al espejo.