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Más diplomacia, menos decibeles

07 de mayo 2013 , 12:00 a.m.

Es tan cierto como lamentable que la diplomacia en el continente parece hoy mucho más adepta a los micrófonos que a los conductos regulares. Los decibeles antes que la prudencia, los dimes y diretes antes que las grandes cuestiones de Estado, son sus rasgos predominantes.

Y no es un fenómeno nuevo. Basta recordar el "por qué no te callas" del rey Juan Carlos al fallecido presidente de Venezuela, Hugo Chávez, durante la Cumbre Iberoamericana del 2007, o los capítulos más cercanos al folclor que a la alta política que se desarrollaron en citas posteriores, como las celebradas en República Dominicana y Cancún (México).

En el pasado más reciente tenemos los roces entre Uruguay y Argentina por cuenta del comentario, aunque privado, igual, desobligante, del presidente Pepe Mujica sobre su colega Cristina Fernández y la pelea de supermercado que ha tensionado las relaciones entre Perú y Ecuador, que ayer comentábamos y que tuvo un nuevo desarrollo con el rifirrafe entre el presidente Correa y la popular presentadora de televisión peruana Laura Bozzo.

En esta antología, Nicolás Maduro ha puesto su buena cuota, en particular en las últimas semanas. Aun así, su más reciente salida, en la que señaló al expresidente Álvaro Uribe Vélez como responsable del crimen del periodista Jhonny González trasciende lo anecdótico y no puede aceptarse.

Que el expresidente Uribe, a su vez, se haya caracterizado por declaraciones y trinos en caliente que lesionan la dignidad del cargo que ocupó no obsta a la hora de exigirle al mandatario del vecino país respeto por quien ocupó la primera magistratura de esta nación. Las palabras de Maduro no pueden dejarse pasar como una más de sus altisonantes declaraciones. Debe haber una repuesta. Pero hay que evitar caer en un estéril contrapunteo. En cambio, la diplomacia, senda por la que ha optado el Gobierno, ofrece un buen repertorio de mecanismos para tramitar una inconformidad sin afectar otras esferas del ámbito binacional. Un reclamo, justo para estos efectos y tratado por los canales de rigor, no tiene por qué debilitar la relación con Caracas. Todo lo contrario: es una buena manera de fortalecerla. editorial@eltiempo.com.co