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Sinrazones y paradojas Paros, marchas y política

27 de febrero 2013 , 12:00 a.m.

En principio, y como ocurre en el mundo entero, nada tiene de censurable que entre nosotros, a huelgas, paros, manifestaciones o marchas de origen diverso se vinculen agrupaciones políticas.

Tiempo atrás hubo aquí sindicatos sólidos, de alguna manera vinculados a los partidos, como la UTC, al conservatismo; la CTC, al Partido Liberal y la CSTC, al comunismo.

Por cierto que el liberalismo en el poder no solo proclamó el derecho de huelga en la reforma constitucional de 1936, sino que durante la administración López Michelsen se enmendó una torpeza política del Frente Nacional: negarle el reconocimiento de personería jurídica a la CSTC por su clara vinculación con el Partido Comunista, organización legal, solo deslegitimada durante las dictaduras civil y conservadora de los años 50.

Lo curioso en nuestra historia es que, en ocasiones, partidos o personajes políticos que nada tienen que ver con el sindicalismo o con marchas u organizaciones sociales terminan apoyando paros o huelgas por motivos puramente electorales o de conveniencia ocasional, como parece estar dándose a propósito del paro organizado por sectores de la caficultura.

En 1965, durante el gobierno de Guillermo León Valencia, se organizaba un paro general para el 25 de enero. Hubo quienes dijeron que el entonces llamado ministro de Guerra, Alberto Ruiz Novoa, extrañamente y de manera soterrada, apoyaba el paro con miras a tumbar el gobierno. Nunca se probó esta acusación de golpe de Estado, pero ya es clásica la foto de Ruiz Novoa, que entró a una reunión con Valencia en su condición de ministro y salió como exministro. Han dicho los historiógrafos que el Presidente, cazador impenitente, atendió al ministro con revólver en su escritorio. Por si acaso...

En el mandato de López Michelsen se presentó un serio enfrentamiento entre el Gobierno y un sector del conservatismo -el ospinismo, o más exactamente el "berthismo" en alusión a la poderosa esposa del expresidente Ospina-. Pero nadie más ajeno que ella a huelgas, paros o movilizaciones sociales. Sin embargo, por extraña paradoja, entre una parte del sindicalismo (incluida la central a la que López le había dado reconocimiento jurídico) y el conservatismo de doña Bertha organizaron el paro del 14 de septiembre de 1977, que terminó de manera sangrienta, y que obviamente se les salió de las manos a quienes creyeron que por atacar a López era válido apoyar un paro nacional, tan ajeno a su doctrina, ideología y manera de pensar y de actuar.

Ahora, a propósito del paro cafetero, estamos viendo situaciones parecidas.

Nadie niega -empezando por las directivas de la Federación y el propio Presidente- la difícil situación que hoy atraviesan los cafeteros por la baja de los precios del grano en el mercado internacional, en parte originado en la revaluación. Causa cierta hilaridad política, sin embargo, observar a dirigentes asociados al expresidente Uribe como aliados del sindicalismo, o de las marchas o protestas populares a las que en otras épocas descalificaban de manera vehemente.

Y también como parte de nuestro extraño mundo político, llama la atención la coincidencia de intereses entre esos personajes y respetables dirigentes de la izquierda democrática. Vivir para ver, como diría el propio López Michelsen, cuyo centenario de nacimiento, por cierto, nos alistamos a celebrar este año.

Y hay otras paradojas. Santos es, quizás, después de Lleras Restrepo, el político que llega a la presidencia con más conocimiento de la situación cafetera. Su gobierno ha tratado de solucionar, como ninguno otro, la real crisis de la caficultura. Empero, ahora le cayó la teja del paro.

Podría decirse, parodiando al popular cantante Óscar Agudelo: "A mí me estás cobrando tu pasado; a mí, que solo fui tu redentor." @gomezmendeza .

Alfonso Gómez Méndez