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'Argo' llegó pirateada a Irán, pero no gust

26 de febrero 2013 , 12:00 a.m.

Catalina Gómez Ángel Para EL TIEMPO Teherán. "Si se gana el Óscar no es porque sea la mejor, es sólo porque es una película política sobre Irán", interrumpe, entre murmullos, un hombre de chaqueta negra deportiva en una tradicional tienda de películas en el centro de Teherán. Se refiere a Argo, el filme de Ben Affleck que pone su foco en una historia bien conocida en ese país: la toma de la embajada estadounidense en esa capital por un grupo de estudiantes revolucionarios, en 1979.

Ganadora del Óscar a Mejor Película, guión adaptado y edición, Argo ha desatado un debate que se dio en su momento entre quienes rechazaban la toma, incluido el ministro de Relaciones Exteriores de entonces, Ibrahim Yazdi, y los que pensaban que fue un gran mensaje para los poderes occidentales de que no podían seguir influyendo y manipulando a Irán.

"Nosotros siempre seremos vistos con malos ojos por los estadounidenses", aseguró Abas Abdi, uno de los líderes revolucionarios de aquel entonces, al diario estadounidense The New York Times, después de ver la película. Y es que Abdi, como muchos de los estudiantes que llevaron a cabo la toma como protesta a que Washington, entre otras cosas, acogiera al caído sha de Persia han pasado a jugar en el bando contrario.

Un gran número de ellos ha hecho parte del movimiento reformista que aboga por una mayor apertura de Irán hacia el mundo, algo duramente perseguido después de las elecciones del 2009, en las que fue reelegido Mahmud Ahmadineyad.

Muchos de ellos, incluido Abdi, han pasado largos periodos en la cárcel, una muestra de las grandes transformaciones de la Revolución Islámica desde entonces.

"Argo está agotada", dice el vendedor de la tienda, quien rápidamente aclara que aunque no es la más vendida de la temporada, como han asegurado medios extranjeros, sí está en el top 10.

La venta de cintas extranjeras es una actividad prohibida en Irán. Allí, las salas de cine apenas reciben autorización para mostrar una decena de películas internacionales cada año. Y en las tiendas, y eso incluye a la mencionada, no hay rastro de producciones foráneas. A simple vista, su mercancía se limita a películas iraníes -las que reciben autorización del Gobierno para ser exhibidas- e infantiles y videojuegos. Las otras, como Argo, las esconden -en este caso, en una caja de zapatos en un cuarto trasero- y solo las sacan cuando las pide un cliente fiable. Otra cosa son los vendedores ambulantes del norte de Teherán, que ubican las películas en el suelo a riesgo de ser capturados por las autoridades.

La trama de Argo, protagonizada por un agente de la CIA que ya tenía experiencia en sacar de Irán a seguidores del caído sha de Persia, cuenta cómo seis diplomáticos estadounidenses logran escapar del asedio a la embajada y terminan por refugiarse en la residencia del embajador canadiense en Teherán, Ken Taylor. A partir de ahí se desata una serie de acontecimientos, conocidos en los archivos de inteligencia como 'Canadian Caper', que tienen como objetivo sacarlos vivos de Irán.

Al vendedor de la tienda le aburre este filme no solo porque no cuenta nada nuevo, sino porque recuerda aquel episodio de la historia de Irán, que, para muchos, fue el causante del aislamiento internacional al que ha estado sometido este país. "Creo que se hubiera podido obviar ese capítulo de nuestra historia", agrega y recuerda que los estudiantes, seguidores de la línea del imán Jomeini, mantuvieron como rehenes a 52 personas durante 444 días.

"Yo pensé que Argo iba a ser popular y, al principio, mucha gente la preguntaba, pero me ha sorprendido que rápidamente perdieron el interés", añade durante la conversación el hombre de la chaqueta negra, que reconoció ser uno de los principales distribuidores de películas en la ciudad y que conoce el mercado del cine extranjero en Teherán. A los iraníes, especialmente a las nuevas generaciones, les encanta el cine, pero paradójicamente su cultura cinematográfica se construye a través de películas pirateadas que, en muchas casos, vienen con doble subtítulo: en farsi y chino, como es el caso de la versión de Argo que circula en el mercado. Este distribuidor hace énfasis en que mucha gente descarta comprar Argo porque no quiere relacionarse con política. ¿Para qué arriesgarse a tener problemas?, se preguntan. Y los jóvenes, que son los que más consumen esta clase de productos, no suelen pedirla.

"A una parte de ellos no les interesa la historia de la Revolución. Otros piensan que se proyecta una cara equivocada de Irán", dice el hombre de negro, que coincide con las críticas que se le han hecho a Affleck en Irán en el sentido de que, por su afán de añadir detalles a la historia, cae en inmensos errores: la gente no era colgada en las esquinas, como se ve en una escena; las personas que reconstruyen los archivos de la embajada no eran niños, sino tejedoras de alfombras; el final es una creación para generar suspenso; los canadienses tuvieron mayor protagonismo en los hechos; el acento de los extras no es iraní y decenas de detalles más. "Claro que es una buena producción, incluso recrea bien al Teherán de aquella época, pero tiene tantas exageraciones que parece una de James Bond", asegura Hassan, cineasta independiente de 24 años. Le molesta cómo "distorsiona" la realidad de los iraníes: "Es como si quisieran seguir consolidando los estereotipos negativos que ya existen sobre nosotros", agrega, poniendo como ejemplo la presión internacional contra Irán para que detenga su programa nuclear. Pero si la población iraní no le ha dado mayor importancia a Argo, el sector oficial sí parece estar mucho más preocupado por sus repercusiones. Para empezar, el ministro de Cultura, Mohammad Hosseini, aseguró que era "insultante y antiiraní" y que era parte de la propaganda occidental contra Irán. A él le siguieron decenas de comentarios en los periódicos locales, en los que se la ha catalogado de "antiislámica", "iranofóbica" y de "proyectar a los iraníes como irracionales, emocionales y trastornados".

La llegada de Argo a Teherán coincidió con un congreso sobre la industria de Hollywood que se hizo en el marco del Festival Fajr, a principios de febrero, en el que se le dedicó una sesión especial. En las ponencias hechas en aquellos días, en las que participaron invitados estadounidenses del movimiento Occupy Wall Street, se volvió a hacer referencia a cómo la película mostraba a los iraníes como salvajes, haciendo caso omiso de la realidad. "Los iraníes somos amables y buenos anfitriones, pero la verdad es que durante la toma de la embajada también se cometieron grandes arbitrariedades, que es lo que les duele reconocer a las autoridades ahora", cuenta Mehran, viejo analista político para quien el gobierno ha querido mostrar aquella etapa de la Revolución como un momento victorioso. "No hay que olvidar que el aniversario de la toma de la embajada lo han bautizado como el Día de los Estudiantes", asegura.

Argo también ha servido como excusa para criticar a reconocidos cineastas iraníes con quienes el gobierno tiene casada una pelea hace tiempo. Los acusan de estar obsesionados con Hollywood y de creer que el Óscar es el único premio que vale la pena. Incluso, algunos comentaristas locales han utilizado la ocasión para lanzarles un dardo a directores como Asghar Farhadi, y recordar que hace solo un año todo el país estaba pendiente de la nominación que se había hecho a su filme, Una separación, que terminó por ganar la categoría de Mejor Película Extranjera.

La venta de filmes extranjeros está prohibida en Irán. 'Argo' solo se consigue pirata. Fotos: Kaveh Kazem y Archivo particular.