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ESPAÑOL PRESENTA INVENTO EN LA NASA ARBOL DE PLÁSTICO PARA LOS DESIERTOS

El ingeniero electrónico español, Antonio Ibáñez Alba, inventó un árbol de plástico que, según él, realiza las mismas funciones que uno natural y podría revegetar desiertos. El árbol tiene raíces, ramas, hojas y tronco como uno de verdad. Mide unos siete metros, está realizado básicamente en polieuretano e imita a una palmera. Esa forma es la más adecuada para retener la escarcha y el rocío producidas por la condensación y facilitar la evaporación.

19 de noviembre 1990 , 12:00 a.m.

El invento del ingeniero de 34 años fue presentado en una asamblea científica en la Nasa y suscitó el interés de países norteafricanos y australianos, así como de la multinacional italiana Montedison.

El árbol, dijo, puede vivir en lugares donde los naturales no podrían y cumple las funciones de absorción y evaporación sin depender de la irrigación.

Mediante una evaporación controlada de la humedad que han retenido, los árboles artificiales hacen descender la temperatura en los lugares donde son plantados y producir así un cambio climatológico, explicó .

Si la lluvia se provoca por el choque de un frente frío y uno cálido basta con crear en el desierto una fuente de bajas temperaturas para originarla. Esta es la misión de mi árbol .

Una vez conseguido el cambio climatológico, los artificiales serían reemplazados por árboles naturales porque, según Ibáñez, nunca se podrá perfeccionar la Naturaleza. De hecho desde que inició sus investigaciones hace cuatro años, sintí asco y pena por el hecho de que el hombre tenga que reinventar la naturaleza. Es un síntoma de que vamos hacía atrás .

Ibáñez, que trabaja para un centro de investigación privado en Barcelona, habló con Libia, Marruecos, Argelia y Mauritania para repoblar zonas desérticas de esos países. Pero la operación está paralizada por la crisis del Golfo Pérsico.

La patente del invento no está en venta, pero sí se ofrece a cesiones de fabricación, aunque no en exclusividad. Fabricar pequeñas cantidades no es rentable, pero a gran escala, el costo de cada uno puede salir entre 300 y 500 dólares.

La ciencia se deja manipular por los políticos, a cambio de subvenciones. Y los políticos solo atienden los descubrimientos científicos que no van contra sus intereses económicos , dijo.

Ibañez trabaja también en un proyecto para una central hidroeléctrica que funciona con agua de mar y genera la misma corriente que las que utilizan energía nuclear, pero sin causar daños al ambiente ni riesgos de salud.