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PELIGROSA BONANZA VIVEN EN AYACUCHO

Al lado de una fuente de riqueza, subsiste una de pobreza. El epicentro de ese desequilibrio es observable en el sur del Cesar, especialmente en la zona rural de La Gloria, cuyos habitantes abrigan la esperanza de que el nombre de su municipio se les convierta algún día en realidad.

24 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

La Empresa Colombiana de Petróleos (Ecopetrol) construyó una subestación puente entre la Costa Atlántica y la refinería de Barrancabermeja a tres kilómetros del corregimiento de Ayacucho, un caserío de unos 3 mil habitantes, que a pesar de contar con unas cuantas calles pavimentadas y servicios públicos aceptables se enfrenta a un desempleo en la juventud, porque es cada vez mayor la deserción de las faenas agropecuarias.

Y es precisamente en el desempleo, el factor en que se basan los altos directivos de Ecopetrol y el Ejército para atribuirle el incontrolable robo de gasolina del poliducto Pozos Colorados - Ayacucho - Barrancabermeja y las voladuras del oleoducto Caño Limón - Coveñas.

Se pensó que la subestación era la redención social, no solo para los ayacucheros, sino de una vasta zona del departamento. Lo cierto es que el panorama es otro. La escasa demanda de empleo, que generan los contratistas de la empresa, no garantiza satisfacción.

Mientras en el interior del minicomplejo se respira progreso, después de la malla de alambre que la circunda y protege la realidad aflora en los rostros de 350 desempleados que están a la espera de camellar tan siquiera por un mes.

Prohibidas están las declaraciones del personal que labora en la subestación, para referirse al robo de combustible y atentados. Bogotá es quien habla , dicen sin mencionar sus nombres por temor a las represalias que se traducen el fulminante despido.

Tubo flauta El tubo parece una flauta , dijo el capitán Solarte, al mando de la base militar que protege la infraestructura de Ecopetrol en la región; agregando que dada la situación, es como si allí se hubieran olvidado de la agricultura y la ganadería y se dedicaran a vivir del ducto de 10 pulgadas de diámetro.

Aunque, el militar se conoce a la perfección el modus operandi de los denominados vampiros , reconoce que es difícil controlarlos.

Explicó que pegados a la tubería están desde los denominados toperos (los que logran el tubo con herramientas rudimentarias y que extraen entre 15 y 20 galones diarios), hasta los del Cartel de la Gasolina (que con sofisticados sistemas instalan válvulas, capaces de llenar un carrotanque de 6.100 galones de capacidad en menos de 45 minutos).

Los operativos del Ejército para recuperar combustible, hasta abril habían arrojado como resultado 179 canecas (de 5 galones de capacidad cada una), 510 galones, 210 mangueras, 13 burros y 6 bicicletas utilizadas para el transporte el combustible.

Sin embargo, pese a las acciones de registro y control hay dos puntos en donde las perforaciones son el reflejo de la expresión del oficial. En los kilómetros 314 y 315, en tramos que no superan los cinco metros habían un total 97 perforaciones.

Los lugares son considerados como verdaderos terpelitos . Allí se perfora el tubo, y para que no se derrame el líquido el pequeño orificio es taponado con un estaca de madera a la que se le parte la punta y luego se disimula con emplasto de barro de la misma coloración marrón de la tubería. Cada caneca, cuesta el mercado negro mil pesos.

Cuando es detectada la perforación, la empresa Ismocol se encarga de resanar con parches de acero. Cada parche le cuesta a Ecopetrol 700 mil pesos, debido al riesgo que se corre porque los soldadores no pueden esperar a la suspensión del bombeo del combustible; la operación hay hacer en forma inmediata.

De otro lado la falta de ocupación llevó a cerca de 350 jóvenes a conformar la Asociación de Contratistas y Trabajadores de la Región (Asocontrar), organismo que desde hace tres años y medio ubica personal a contratistas de Ecopetrol.

Manuel Aguilar, fiscal de la entidad, dijo que les tocó hacerlo para que fueran respetados sus derechos en la región. En torno a las acusaciones de que varios miembros de la comunidad perforan la tubería, manifestó que eso le está haciendo daño a la Asociación.

Sin embargo, indicó que muchas personas bien llevadas por el desespero del desempleo optan por la perforación. La lucha es por sobrevivir.

Las pérdidas de Ecopetrol El hurto de gasolina, desde 1990 hasta el presente año, le representa a Ecopetrol pérdidas cercanas a los 31 millones de dólares (unos 26.350 millones de pesos), porque ha perdido 1.615.444 barriles en 1.710 perforaciones causadas a los poliductos del país.

En 1994 se registraron los mayores índices de robo, porque a través de 1.023 perforaciones por donde fueron sustraídos 380.444 barriles, que representaban un costo de 7 millones 749 mil dólares.

La mayor región con el problema es la Costa Atlántica. El año pasado fueron denunciadas 892 perforaciones, por donde los vampiros absorbieron 184.527 barriles, que dejaron perdidas por 3 millones 840 mil 700 dólares.

El coronel Jairo Forero Castro, comandante del Comando Operativo Número Siete, señaló que con la presencia de dos nuevos batallones en el Cesar y un helicóptero comenzó a reforzarse la vigilancia sobre la estructura de Ecopetrol en esa región.