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EL CALANCALA PIERDE HASTA LA ESPERANZA...

En su ya larga existencia el mayor escenario deportivo de La Guajira, el estadio de fútbol Calancala, hoy llamado Federico Serrano Soto, persiste, a pesar de lo inclemente del tiempo, en mantenerse estoicamente en sus débiles cimientos.

25 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Su mal endémico nace en el instante de su construcción (década del 50), época de la dictadura militar de Gustavo Rojas Pinilla. Sus grietas profundas que tratan de minar su resistencia y la falta de drenaje, no son sus más directos enemigos.

Los más serios son la pobre mentalidad de los dirigentes de esta parte del país y la poca cosmovisión del mismo, que limitan en su máxima expresión el desarrollo de su pueblo.

Es fácil apreciar como las lagunas --que no tiene que envidiarle a la Zapatoza-- formadas en el terreno de juego, los excrementos que los desadaptados depositan en los pasillos de entrada y el deslizamiento de reptiles. Ello hace imposible para el Calancala alcanzar un éxtasis de felicidad.

La ingratitud de los dirigentes deportivos y deportistas para con el Calancala es decepcionante. Por sus terreno de juego han pasado, entre otros, jugadores de la talla de Arnoldo Iguarán, Yosvida Fuentes, Alfredo Griego, quienes se han destacado en el fútbol profesional colombiano y que sin el concurso del primer escenario de la península, pese a su estado crítico, no hubieran alcanzado tal fin.

Sin embargo, los buenos oficios del escenario se olvidan con facilidad. En los inicios de la presente década se le quiso cambiar a través de inversiones con recursos provenientes del departamento la fisonomía al Federico Serrano Soto. Se necesitaron ocho lustros para tratar de aplicar una mutación en el maquillaje del mismo.

Lastimosamente la buena aplicación de las obras fue objeto de una alegría, por el estadio, momentánea: Su tristeza volvió a su cauce normal al comprobarse lo rudimentario de los trabajos.

Estos fueron: construcción de la pista atlética --la existente era un remedo de pista--, la instalación de la cubierta de las graderías, una cancha polifuncional y varias albercas, las cuales prestarían según el contrato el servicio de riego.

Hecho que justifica la felicidad que embargó por poco tiempo los sentimientos estructurales del Calancala. La inversión fue altísima (por el orden de 100 millones de pesos) pero los trabajos fueron muy pobres, argumento este que reafirma el criterio que se tiene sobre el Calancala y el deporte en general por parte de la dirigencia en la parte más norteña del país.

El material utilizado en la pista atlética (arcilla, carbón de coke, carbonilla y capa fina de rodamiento) alivió por muy poco tiempo los pesares de nuestro personaje. Lo mismo sucedió con la cubierta, la cual se vino abajo maltratando los sentimientos de estructura del Calancala. Su esperanza se desvanece día a día. Sin embargo, esta junto con el celador son sus más grandes compañías en su ya larga existencia.