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LO POPULAR TAMBIÉN TUVO CABIDA

Los pies se mueven siguiendo el ritmo de la música, sea clásica, contemporánea o popular. Algunos de los danzarines que participaron en el I Festival Internacional de Danza Contemporánea, Barranquilla Nueva Danza, lo demostraron no sólo en las tablas de los teatros Amira De la Rosa y Bellas Artes, sino también en la improvisada pista de un estadero de salsa en Barranquilla.

22 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Si el cierre oficial del Festival de Danza Contemporánea no pudo ser mejor con la presentación del danzarín ecuatoriano Klever Viera y el grupo colombiano Muñecos y Tambores, el cierre extraoficial corrió por cuenta de un grupo de actores, danzarines, organizadores, personal técnico y directivos seccionales de los organismos de cultura, que espontáneamente coincidieron en el estadero de salsa La Cien para celebrar el éxito artístico del certamen.

Carolina, Terry, Ricardo y Klever de Ecuador, mostraron su otra faceta de bailadores con ritmos caribeños y de salsa. También los acompañaron los organizadores del evento y otros entusiastas bailarines. Hasta bien entrada la madrugada de duró la celebración.

El cierre, como la inauguración el sábado 13 de mayo, estuvo a la altura de un certamen que llevó a Barranquilla a ocupar un sitial en la danza contemporánea y que obliga a la institucionalización del evento.

Si con el grupo venezolano Danzahoy, con Travesía, dejó entrever la calidad del festival, el ecuatoriano Frente de Danza Independiente y el colombiano Muñecos y Tambores lo reafirmaron.

En la Escuela de Bellas Artes, Klever Viera, de Frente de Danza Independiente, en las dos funciones de la tarde del sábado mostró en esta pieza Oh Diosa (creada alrededor de un mito aborigen personificado en una gran serpiente) sus grandes dotes de equilibrio y contorsión, con dominio técnico excelente.

Aguirre, la espiral del guerrero --con el tema del conquistador violento y loco que quiso fundar un imperio aparte en el Amazonas--, del grupo colombiano Muñecos y Tambores, fue un espectáculo visual de mucha riqueza, con acertada utilización de los grandes figurones (unas grandes marionetas, otros incorporados por parejas de actores). La escenografía se llevó las palmas, así como el desarrollo dramaturgio, con solvente combinación de movimientos de teatro y desplazamiento de danza.

Al caer el telón, los barranquilleros esperan otra edición del Festival Internacional de Danza Contemporánea.