Archivo

UNA VIDA METIDA EN PURO BÉISBOL

El bate, las manillas y las bolas han sido el centro sobre el cual ha girado la vida de José Morelo Godoy, actual presidente de la Liga de Béisbol del Atlántico.

11 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Cartagenero de nacimiento, pero por causas del destino criado por su abuela en Barranquilla desde los 14 meses de ver la luz, a esta ciudad le debe muchas cosas. Por lo que a ella y a su deporte, el béisbol en especial, le ha brindado lo mejor de sus conocimientos.

Es criado en el barrio Montecristo, mata de beisbolistas de Barranquilla, donde jugar béisbol era más importante que cualquier otra cosa y en todas las calles era el único deporte que se practicaba .

Llevó una vida de infancia que no fue fácil. A los 14 meses muere su madre. Se va con su abuela, pero esta muere a los 10 años. En ese momento comienza a levantarse con la ayuda de vecinos y amigos, que le pagaron los estudios de colegio y a los cuales no menciona para no dejar a ninguno por fuera.

Esto lo obligó a ejercer una infinidad de oficios, desde grumete de la Escuela Naval en Cartagena, detective en la Policía de Bogotá, hasta peluquero. Pero fue finalmente el negocio de finca raíz con el cual se quedó y con que levantó a sus seis hijos del matrimonio con Carmen Díaz.

A los 17 años, cuando salió de la Escuela de Grumetes, viajó a Panamá, donde jugó más béisbol que en su propio país. Se desempeñó como jardinero central de los equipos Taberna Cress, Relámpago y Bocas del Toro.

Yo era bueno en mi posición, pero al bate no tenía mucho poder y mi contextura no me ayudaba: era flaquito y chiquito. Ese era el motivo por el cual me sentaban en los momentos importantes del partido .

Y fue precisamente en Panamá donde descubrió que tenía vena de dirigente. Allí no había organización y con ayuda de otros jugadores y dueños de equipos formaron la Liga de Béisbol de Panamá. Fue nombrado, con 18 años de edad, como fiscal. Y en vista del éxito de la misma, un grupo de panameños organizaron una liga alterna en la cual se prohibía que los miembros de su junta fueran extranjeros. Eso forzó su regreso a Barranquilla.

Llegó picado por el mosquito de la dirigencia y organización. Se vinculó a la Liga del Atlántico, en 1944, como delegado del equipo Hooson, de segunda categoría, que carecía de rival. Luego pasó a la novena de Boston, de primera categoría, y fue nombrado tesorero de la Liga. Desde esa época siempre ha estado de la mano de la misma ocupando diferentes cargos, hasta llegar a la presidencia, que ocupa actualmente por segundo período consecutivo.

A mi el béisbol no me aburre ni me cansa. Yo le debo más a este deporte de lo que le he dado. Y es que yo estoy para servirle y no para servirme de el .

Mediante un programa de los Estado Unidos, en 1956, fue a ese país Guillermo Muñoz Charris, presidente de la liga, a que hiciera un curso sobre organización de las Ligas Menores: Al regresar formaron la Liga Menor del Atlántico, llamada Liga de Montecristo, del cual fue su primer presidente.

En el mismo momento ejercía la presidencia del Colegio de Arbitros, jefe de deportes en el Batallón Nariño, presidente de la Junta del Carnaval de barrio Abajo. Y, como si fuera poca, fue nombrado por el gobernador de Atlántico, Jacinto Márquez, como alcalde de Sabanalarga, distinción que no aceptó.

Su mayor aporte al deporte ha sido mi vida. Sí, porque el béisbol es parte de mi vida .

Y recuerda su mayor equivocación. Fue en 1964, una vez que viajé como delegado a Medellín y un árbitro decretó un foul ball, cuando en realidad la bola pasó un metro dentro del campo en un partido entre Atlántico y Sucre. Me metí al terreno para discutir. El juez me dio la espalda y el delegado de Sucre, que era un cura entró a calmar los ánimos. Pero como yo estaba tan exaltado, lo mandé para el c... y hasta lo amenacé con una cachetada. Cuando llegué a Barranquilla me confesé. Soy católico creyente, no camandulero. Todavía estoy arrepentido: un delegado debe tener cordura y saber actuar .

Su mayor satisfacción es haber sido delegado las cuatro veces que Atlántico ha sido campeón nacional, en 1964, 1965 (dos veces) y 1991.

En los últimos años ha tenido pequeños enfrentamientos con la empresa privada, principalmente cuando se anunció la realización de hacer el Festival de Orquesta en el Tomás Arrieta. Interpuso una tutela y la pelea fue fuerte.

Y no por egoísmo o porque crea que esto es mío. Sino porque no quería que lo usaran y lo dejaran destrozado. Eso sí me dolería. Gracias a esas peleas, hoy en día la organización deja en perfecto estado el estadio. Ya todo pasó y ahora somos amigos .

De esta forma, a los 71 años de edad, es decir con 54 años en la pelota caliente , todavía tiene las energías suficientes para continuar al frente del béisbol en el Atlántico y ayudar a todo aquel que se acerque en busca de un consejo o una enseñanza, porque en él sobra la experiencia...

Don José, un abuelo pechichón...

Serio, de un caminar calmado pero no por los años que lleva sobre sus hombros sino como reflejo de su personalidad, no le gusta pelear pero si habla claro y con la verdad.

La seriedad de su trabajo contrasta con la alegría que llevan a casa sus hijos y nietos. Lo tienen consentido. De vez en cuando se toma sus traguitos, que me gustan , acolitados por su esposa, Carmen. Cuando tomo es el único momento que me da por comer bastante, además canto, cuento chiste y soy otro , dice.

La lectura siempre ha sido uno de sus pasatiempos preferidos y a pesar que ya no la práctica frecuentemente, porque las letras son muy pequeñas , de cuando en cuando se encierra en un cuarto y se sumerge en un libro, especialmente de García Márquez. Se encierra porque si siente ruido o lo distraen ya no sigue leyendo.

Por ahora, lo único que quiere seguir haciendo es servirle al béisbol.