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DERROTA CON DRAMA EN CASA DE HAROLD MESTRE

La Costa Atlántica colombiana, en especial esta ciudad, recibió un severo golpe el sábado con las derrotas de los dos hijos suyos que fueron hasta Johannesburgo para disputar títulos mundiales de boxeo frente a rivales de surafricanos y que deja al país con un sólo campeón.

01 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

La tarde gris, por la lluvia, se oscureció más a partir de las tres cuando el primero de ellos, Víctor Llerena, fue derrotado por puntos por el campeón supergallo reconocido por la FIB, Vuyani Bungú.

Pero fue totalmente negra, en el estreno del rey gallo Harold Mestre, favorito frente a Mbulelo Botile. En el segundo asalto, luego de una combinación que remató con recto de derecha al mentón, el colombiano se derrumbó por toda la cuenta y la tristeza fue general en la ciudad al ver la señal en vivo y en directo que transmitía el canal regional de televisión Telecaribe.

En una pequeña vivienda de material de la calle Siete de Agosto, en la parte alta del barrio Zaragocilla, el drama familiar de los Mestre Moreno fue conmovedor. Willy, también boxeador que hace poco debutó en el profesionalismo, irrumpió en llanto cuando su hermano Harold cayó a la lona.

Ay, ay! , exclamó con el rostro totalmente angustiado, mientras veía la forma aparatosa como el hasta entonces campeón mundial tambaleaba sin control y se iba de cabeza a la lona cada vez que intentaba levantarse. Las lagrimas vinieron de inmediato.

Desesperado, fuera de sí, abrazaba a su madre, Blasina, a quien el muchacho dedicó el fajón cuando el 21 de enero noqueó en la disputa vacante al sucreño Juvenal Berrío. No, no puede ser. Noooo , decía.

La progenitora intentó calmarlo y si bien le dio duro el hecho de ver en malas condiciones a su hijo, fue la más serena en la casa. Nunca lo había visto que le pegaran tan feo , dijo en tono triste.

Amalfi, también hermana, abrió los brazos, adorando una imágen de la Virgen del Carmen, pidiéndole que si ya había perdido el título no sobrevinieran otras consecuencias por efectos de los golpes.

Los vecinos, que desde tempranas horas estaban alegres a la espera de celebrar con triunfo la primera defensa del campeón, expresaron su dolor y se dedicaron a calmar a los miembros de la familia. Al poco tiempo, cabeza abajo, abandonaron la humilde vivienda y buscaron refugios en las suyas.