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MULAS DE ALTO CILINDRAJE

La operación empieza casi siempre a las 4 de la mañana. Normalmente dos jóvenes, conductor y parrillero, madrugan a recoger la mercancía donde su proveedor.

23 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

EN MOTOS ESTAN PASANDO LA COCAINA HACIA BOGOTA Vestidos con ropa deportiva, chaqueta de cuero, botas texanas o tenis de marca, inician el viaje de dos horas que los llevará en su motocicleta como por entre un tubo a Bogotá, sitio de entrega del alcaloide. La hora es la más indicada, ya que es precisamente al amanecer cuando hay menos autoridad.

Algunas de las +mulas+ motorizadas, conocidos también como +torcidos+, optan por salir de Villavicencio utilizando las calles aledañas a la avenida principal. Así evaden el control de la policía Antinarcóticos ubicado en el barrio Galán.

La modalidad en el transporte de la droga viene tomando fuerza, ante los estrictos controles que las autoridades ejercen en los automotores de carga pesada. Es por ello que los proveedores de cocaína han visto las motos como una forma eficaz de burlar los retenes. En Villavicencio y Granada el fenómeno es más visible.

Las +mulas+ que participan del negocio provienen en su mayoría de la clase media baja, deseosos de conseguir dinero, sin importar como. El primer contacto con los patrones o +duros+ tiene lugar en sitios nocturnos. Allí son presentados por amigos con antigfedad en el negocio. Si el muchacho no tiene moto, no es ningún problema. El proveedor se encarga de +prestarle+ una. La primera prueba de fuego consiste en pasar dos o tres kilos de coca hasta el municipio de Cáqueza. La nueva +mula+ consigue a su mejor +llavería+ para que haga las veces de parrillero. Es este último que lleva la droga en un morral o camuflada entre su ropa, para que en caso de divisar un retén que consideren arriesgado, se baje y el motociclista siga solo mientras pasa el control de las autoridades. Más adelante lo recoge y siguen su camino como si nada. Algunos de ellos viajan drogados para calmar los nervios y fingir tranquilidad.

En ese primer viaje, las nuevas mulas+ son sometidas a pruebas por parte de los distribuidores. Se sabe, por ejemplo, que simulan un operativo para comprobar la valentía, frialdad y fidelidad de sus nuevos +pupilos+. Condiciones básicas en la actividad.

Atemorizándolos, se les obliga a delatar a sus jefes. Si el joven +canta+, simplemente +pierde el año+. Si ocurre lo contrario, la +mula+ es vista con buenos ojos.

Al adquirir mayor experiencia, los muchachos empiezan a atreverse a transportar el alcaloide hasta Bogotá. Por cada operación de estas reciben 100 mil pesos. Dependiendo del éxito que tengan, el proveedor decide regalarles la moto. Ese es uno de los incentivos.

Los primeros +ahorritos+ se destinan para la compra de una buena pistola. En el mercado negro se puede conseguir por 500 ó 700 mil pesos.

Tener moto y estar armado, les da un status importante en el clandestino negocio. Es ahí cuando su trabajo empieza a abarcar otros campos. Ya no es solamente el transportar cocaína a la capital de la República. Pasan a ser además los distribuidores de las +ollas+ de la ciudad.

En sus motos, van a barrios como el Santafé, Brisas del Guatiquía y el Industrial. Allí abastacen a los jíbaros, expendedores de bazuco y cocaína. Esta operación normalmente la hacen antes de emprender el viaje a Bogotá, es decir, entre las 3 y 4 de la mañana.

En ciertas ocasiones, las +mulas+ cambian la droga por joyas que los ladrones y raponeros llevan al +reducidor+ -como también se le conocen al +jíbaro+-. Hay quienes incluso cargan una balanza para garantizar una negociación equitativa.

Estos son solamente algunos apartes de la loca carrera de algún sector de la juventud por conseguir dinero. La actividad de las +mulas+ motorizadas está en pleno acelere.