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TODOS EN EL SUELO...

El proceso que adelanta la sala penal de la Corte Suprema de Justicia, en atención a solicitud elevada por la Fiscalía General de la Nación contra nueve parlamentarios, no hace más que poner el dedo en la llaga hasta hoy incurable de la corrupción en Colombia. Y es que hablar de corrupción no es novedoso.

03 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

El Estado ha sido corrupto por siempre, siempre ha sido sobornable, el dinero sucio ha recorrido todas las esferas estatales: contratos multimillonarios en hidroeléctricas, compraventa de servidores públicos, jueces venales y poca productividad del aparato judicial, banqueros y grandes empresarios, mercadeando intereses, medios de comunicación manipulando la opinión a favor de sus patrocinadores, no son más que unos pocos ejemplos de nuestra corrupción, y que no difieren mucho de las cuentas hoteleras pagadas por un capo del narcotráfico a algún padre de la patria.

Para no ir muy lejos, algunos de los nueve parlamentarios involucrados con la presunta recepción de dineros provenientes de los narcos ya son conocidos de vieja data en los estrados judiciales por la más variada gama de delitos contra el patrimonio económico; más de 160 políticos del parlamento colombiano están familiarizados con expresiones tales como enriquecimiento ilícito, abusos de poder, lavados de dinero, etc. 51 oficiales de la policía acaban de ser destituidos por mala conducta y corrupción; las casas de los ex alcaldes, ex senadores y otros se han convertido en cómodas cárceles o prisión domiciliaria.

Lo que hoy hace el narcotráfico es pescar en río revuelto, es utilizar la corrupción del Estado para beneficiarse de su complicidad e impunidad para obtener los jugosos resultados conocidos. Cabría entonces preguntarnos, Cómo puede un Estado corrupto perseguir y condenar a los corruptos?.