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PRIVILEGIOS DE TECNÓCRATAS

A partir de la Constitución del 91, contra los congresistas se establecieron todo tipo de incompatibilidades e inhabilidades, inclusive políticas.

31 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

No solo las muy sanas de no poder tener ni celebrar contratos con el Estado, sino otras, de estricto carácter político, muy susceptibles de discusión.

Los parlamentarios en ejercicio no pueden, por ejemplo, ser ministros de Estado ni tampoco embajadores, a menos que renuncien definitivamente a su investidura.

Eso resulta no menos sano, pero hay quienes consideran con argumentos respetables que se trata de un impedimento limititativo de la potestad presidencial. En el sentido de que si hay un buen congresista que podría desempeñarse en algún momento como posible ministro, es injusto que no pueda ocupar una cartera del Ejecutivo, si al fin de cuentas los políticos en el buen sentido del término son gente con vocación de servicio público en cualquier campo abonado para ello, incluyendo por supuesto y principalmente el Gobierno.

En fin. Ese es otro punto que a lo mejor podría abordarlo con mayores elementos de juicio la nueva mini-constituyente.

Lo que quería resaltar es que, con ese facilismo con que nos ha dado por echarle toda el agua sucia de lo que pasa a la dirigencia política, nos olvidamos olímpicamente y además con un simplismo preocupante de que lo propio debería existir para técnicos y tecnócratas. Esto es, unas inhabilidades mínimas en los cargos que pasan a ocupar, una vez han desfilado por los pasillos de la Administración, defendiendo presumiblemente intereses nacionales muy concretos.

Acaba de presentarse un lamentable incidente con el Banco Mundial (BM) porque el ex ministro de Salud Juan Luis Londoño decidió, desde los despachos del BM, entremeterse en los asuntos internos de su país en contravía de los intereses de éste, enarbolados por el Gobierno de turno.

En su condición de ex ministro de Salud, Londoño resolvió disparar, desde su nuevo cargo en el Banco Mundial aunque violando normas internas de la institución, contra el enfoque actual distinto del suyo del proyecto de la Reforma de la Salud en Colombia.

Mi pregunta es: Por qué este estilo de tecnócratas (como Londoño, como Hommes, como Montenegro) sí pueden cambiar de camiseta de la noche a la mañana, sin que nadie los censure ni les diga nada, y a los políticos se les fijan en cambio toda suerte de incompatibilidades y limitaciones, como las citadas? Qué presentación tiene que, una vez salido alguien de cualquier cartera ministerial, se acoja a la costumbre mala costumbre de que ese funcionario se vaya raudo como por entre un tubo a las alfombradas oficinas del BID o del BM? Con alguna dosis de suspicacia, no podría uno suponer que, durante el último tiempo de su ministerio, estuvo de alguna forma trabajando la consecución de su futuro puesto, pensando en eso, su futuro? Así como se exige con tanto ahinco y no sin razón la depuración del Congreso y de la clase política estableciéndoles a sus miembros toda clase de cortapisas, que así también haya reglas de juego igualmente transparentes para los demás.

No es bueno, no es sano, no es saludable que los organismos económicos internacionales se conviertan en refugio y última tabla de salvación de funcionarios públicos en trance de salida, sobre todo cuando Colombia tiene, como Estado, intereses específicos qué defender, en el seno de los mismos. Y mucho menos cuando dichos ex funcionarios constituidos ahora en funcionarios de entes internacionales terminan agazapados en sus nuevas entidades como enemigos declarados de la política de sus sucesores, a los cuales les ha correspondido reemplazarlos en su tarea dentro de las gestiones del Gobierno subsiguiente.

Otra cosa, y muy distinta, es que opinen como quieran y cuanto les dé la gana, en favor y en contra de ese nuevo Gobierno. Ello es sería legítimo, siempre y cuando no tuvieran investiduras moralmente limitativas, como la de pertenecer al BID o al BC, en calidad de asesores pagados en dólares, después de haber obrado como ministros desde cuyos despachos precisamente mucho tenían qué ver con tales organismos internacionales a nivel de relaciones bilaterales y de compromisos tan estrechos con nuestro país, como constituyen los creditos existentes entre un Banco y los entonces personeros de esa nación, representando campos determinados de la Administración.

Sí. Que cada cual diga lo que quiera, utilizando los periódicos que sean y por más título de ex ministro que tenga. Pero que se cuide mucho desde dónde lo dice, a fin de poder avalar la verdadera y desinteresada independencia de sus opiniones.