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MINSALUD RESPONDE A LONDOÑO

Ministro de Salud responde críticas de Juan L. Londoño Cuando se inició, el Gobierno Samper se recibió un sistema sanitario debilitado que debía ser recuperado para poder asegurar la atención de los afiliados; las leyes y sus contradicciones estaban aún en teoría y debían ponerse en práctica; y el ambiente general era de gran expectativa, pues erróneamente se había prometido una solución total (a los problemas de la salud) en corto plazo . Esto es lo que dice el ministro de Salud, Alonso Gómez Duque, en el primero de dos artículos en los que responde las críticas que sobre el desarrollo de la reforma del sistema de salud le ha hecho su antecesor, Juan Luis Londoño.

31 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

El sistema de salud en Colombia ha venido funcionando con bastante ineficiencia. Después de muchos años, todavía el 20 por ciento de la población no logra ser atendida, sobre todo los pobres.

Su sistema administrativo tripartito no pudo lograr coherencia: el sector público centralizado, es pobre en recursos e insuficiente; la seguridad social con el ISS a la cabeza, es ineficiente y escasa en cobertura; y el sistema privado, anda como rueda suelta.

El modelo colombiano tiene otro vicio y es el de que la mayoría de las personas son atendidas por lo que podemos denominar la técnica del rebusque . Es decir, cuando alguien necesita del servicio se debe comenzar por buscar a ver dónde lo atienden . Muchos deben dar varias vueltas antes de ser atendidos, sobre todo si son pobres.

La Ley 100 propone un cambio para este problema. Impone el sistema de aseguramiento, que en su más simple expresión práctica para el usuario puede entenderse como que todos los colombianos vamos a tener un carné o tarjeta de afiliación con el cual nos tienen que atender en diferentes instituciones.

Conceptualmente, esta propuesta de la ley es un gran avance, porque, como su nombre lo dice, asegura al individuo. Una vez concluya su implementación, no más vueltas.

Para poder asegurar a la población, la ley crea las Empresas Promotoras de Salud, o EPS, las cuales pueden ser privadas, públicas, mixtas y asociativas. Estas empresas afilian a las personas y hacen contratos de prestación de servicios con las clínicas y hospitales para que se encarguen de atender a sus afiliados.

Se debe agregar aquí que un importante principio del sistema propuesto es el de la libre escogencia que asegura al usuario que podrá elegir entre varias empresas de afiliación.

A su vez, la aplicación de este principio lleva a la implementación de la libre competencia. Al haber diferentes afiliadoras, estas deben competir por la clientela, lo que claramente implica un esfuerzo para ofrecer servicios cada vez mejores.

Para efectos del pago a las afiliadoras (EPS), se establece una cantidad fija por año y por persona asegurada que se ha denominado Unidad de Pago por Capitación o UPC. Este sistema parece ser beneficioso puesto que al pagar una suma fija anual, obliga a las empresas a esforzarse por controlar los costos de salud. Por otro lado, el sistema impulsa a las EPS a emprender programas de promoción de la salud y prevención de la enfermedad que resultan en la creación de una cultura de la salud.

En su expresión más simple entonces, el sistema propuesto consiste en un proceso dentro del cual se alcance paulatinamente un aseguramiento universal, que resulte en una mejoría de la calidad de los servicios y en la promoción de un estado de salud más concordante con una definición más amplia, en la cual prime el bienestar de la población.

La creación de siglas con definiciones complejas ha logrado entorpecer la comprensión del sistema. Se puede clarificar un poco diciendo que a las empresas afiliadoras (EPS) se les paga un monto fijo anual por afiliado (UPC), para que contraten con las IPS su atención. IPS es el nuevo nombre de aquellas entidades que nosotros los viejos llamábamos consultorios, centros de salud, clínicas y hospitales.

Pero no es solamente el problema de la afiliación el que debe enfrentar el país.

Los hospitales sufren de insuficiencia crónica en todos los sentidos. Sus presupuestos son deficitarios, su tecnología obsoleta y su capacidad para resolver los problemas de salud es deficiente, amén de poseer sistemas administrativos arcaicos. Estas instituciones no cuentan con elementos que les permitan su mejoramiento continuo, ni mucho menos, con estímulos para una acción más eficiente. Por último, el número de camas hospitalarias, de 1,2 por mil habitantes, sólo supera el nivel encontrado en el Africa al sur del Sahara.

Los recursos humanos del sector no son boyantes. La remuneración es baja, no hay estímulos a la productividad ni al progreso. Cuantitativamente también son insuficientes. 0,8 médicos por mil habitantes y 0,6 enfermeras por médico, son cifras inferiores a las de casi todos los países del mundo. Esta evidente insuficiencia presionó en las últimas dos décadas a la doble contratación claramente inconveniente.

Estas evidentes deficiencias fueron lamentablemente subvaluadas. Se dijo por ejemplo que había un sobredimensionamiento hospitalario que se resolvería fácilmente con la libre competencia. Se dijo también que el problema de recursos humanos era de distribución y no de insuficiencia.

La argumentación presentada creó la convicción de que al resolver el problema de la afiliación, todo lo demás se solucionaría como por encanto. Vana ilusión! Por lo demás, era obvio que la gran insuficiencia del sector generara una necesidad de cambio con urgencia. Esto, sumado a la aparente facilidad con la que se lograría, abonó el terreno para que el país pensara que en efecto, en poco tiempo, todos sus males sanarían.

Es interesante observar que la misma Ley se toma el tiempo y extiende hasta el 2001 su implementación. Y digo aquí de nuevo que Canadá tomó cuatro décadas y que Chile supera ya los dos lustros sin lograrlo.

Además, en la ley existe el tema del problema hospitalario con propuestas de solución a largo plazo.

Pero no! Se anunciaron resultados de inmediato y se creó la expectativa de que el nuevo año traería consigo, desde enero, la tan anhelada solución.

Mañana: otras acciones del Gobierno.