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LLEGUÉ AL CIELO, LLEGUÉ A MINISTRO

Que no sirvo para la diplomacia es cosa que aquí he dicho muchas veces. Por falta de ropa, de finura y de padrinos me había auto-vetado para esas distinciones... Pero como en Colombia cada día se dan cosas insólitas, ahora soy el flamante ministro de relaciones exteriores de la tropical república de Costa Brava en la telenovela María Bonita. Ante la importancia que han adquirido las telenovelas, como trasplante de la realidad no podía negar mi participación. Una historia con un presidente adúltero, con una hermana adueñada del Palacio, más otras ricuras mundanas, es un plato exquisito que no puede desechar quien se interesa por los manejos del poder.

31 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Como ministro iré al grano. De entrada, el país que represento renunciará a la sede de la reunión de países No Alineados porque nos cuesta muchos millones, no trae beneficios y es deprimente reunirse con tantos países pobres como Etiopía, Uganda, Tanzania, Zambia, Somalia, Camerún y Nigeria, para que gasten nuestros impuestos y nos cuenten sus deprimentes cifras de analfabetismo y mortalidad infantil.

Como mi audacia de renunciar a la sede producirá escalofríos y temores de mala prensa, diré que peor prensa e imagen que la que tenemos hoy, jamás volveremos a ver. Es mejor ponerse colorado del todo y decir que por razones de orden público (guerrilla cerca de Bogotá) y política de austeridad, la reunión se suspende. Ala, me muero de la pena...! Aún más: este, mi gobierno, no pidió esa sede y a las herencias uno puede renunciar.

Lo pongo muy clarito; voy a defraudar a los que han dejado correr una sonrisa irónica y malosa al saber mi nombramiento. Se van a cancelar muchos cargos diplomáticos innecesarios. Ya pasó el tiempo en que se nombraban embajadores para que recorrieran los aburridos y calurosos museos del área socialista. Lo dijo mi querido Pablo Neruda: los museos es mejor verlos en los libros y con lupa. Otra novedad: los embajadores tendrán que saber el idioma del país a donde los destinan porque lo elemental es que estén en condiciones de hacer una operación comercial y para eso urge el idioma.

No más la oficina de asuntos culturales de la Cancillería, porque nos vale varios miles de millones el cuento humanitario de enviar pintores para que los conozcan en Indonesia, Palma de Mallorca o Amsterdam. Con Botero pintor conseguimos buena fama y nos sale gratis. Punto. No lo duden: austeridad y nuevos comercios será mi política como ministro de relaciones exteriores de la telenovela María Bonita y su ficticio país de Costa Brava. Ya lo ven, les resultó muy serio este ministro y por favor déjenme dormir, no intriguen, no me hagan comidas, no me sigan pidiendo embajadas y consulados porque les digo negativo. Mejor los invito a mi posesión esta noche, donde verán un ministro muy tropical, algo corrido y aterradoramente eficiente.