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LOS MAESTROS QUE SE HACEN IMITAR Y QUERER

Sin lugar a dudas, los problemas centrales de la educación colombiana obedecen al espíritu del sistema educativo que hemos tenido en los últimos años: por un proceso insidioso y facilista pasamos de educar,a informar e instruir.

30 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

La legislación anterior se dedicó a darle piso a este modelo: la hipertrofia de la calificación, la exigencia de un cumplimiento milimétrico del currículo, la importancia abrumadora del puntaje del examen del Icfes, la exclusión escolar por bajo rendimiento, la pérdida del año, entre otros, son algunos puntos que muestran la orientación de nuestra pedagogía.

Y, dónde quedó la educación? El maestro fue instrumentado para ocultar su ineficiencia, su falta de compromiso, su incapacidad de relacionarse con el estudiante, su intolerancia y su tiranía. Le entregaron el garrote de la represión: la nota escolar y su uso indiscriminado. En lugar de ser un orientador y un amigo para sus estudiantes se convirtió en su perseguidor represivo.

Hagamos un ejercicio teórico: Qué pasaría si se eliminara la nota escolar y que solamente se utilizara para saber qué sabe un estudiante, qué le falta por saber y, por lo tanto, cómo debe enseñársele? Qué tal si el profesor en todo acto calificativo tuviera que poner dos notas: la suya y la del estudiante?... Si mi discípulo saca dos sobre diez, yo también tengo dos y mi desafío técnico es que los dos saquemos diez .

Qué tal si por ley de la República fuese prohibido perder el año? Si todo este ideal se cumpliera, qué haría el maestro? Automáticamente dedicarse a EDUCAR.

Un maestro educa con su presencia tranquila y justa, con su sabiduría y conocimientos. Con su exigencia continua de inhibir, con frustración medida, los impulsos desbordados de sus discípulos al exigirles respeto entre ellos mismos, con él, con los útiles personales, con el aula y sus instrumentos de trabajo: Recoge ese papel. -Profesor, yo no fui.- No importa: vas a gozar haciendo bien lo que otro hizo mal. De pronto nos está mirando el que lo botó y tu le permitirás aprender a no botar papeles al piso, a mantener nuestra casa linda.

El maestro educa al mostrarles neutralmente lo destructivo de un vocabulario soez, de un acto vandálico, de una agresión, de una desatención crónica. Educa, al ser creativo en el aula, al inventarse todos los días su cátedra, al imponer con respeto su presencia, al invitar todo el tiempo a su educando a pensar en lugar de actuar, al entenderle en su individualidad, al conocer su historia familiar para comprenderlo mejor, al saber del desarrollo de su vida, al detectar su dificultad especial y personal y al usar técnicas pedagógicas para ayudarle a superarlas.

También educa al estimular el esfuerzo de sus estudiantes y la lucha de superación consigo mismo y al no tolerar la insana competencia y no permitirle generar la narcisística sensación de ser mejor que los demás... Al impedir con firmeza el matoneo, la humillación o la desestimación al compañero, al mostrarle que el otro existe, que siente y piensa como él y que a él no le gustaría sufrir lo mismo.

Al permitirle descubrir las maravillas del amor y la ternura en una caricia, en un abrazo a tiempo, en una broma afectuosa. Al aceptar las críticas, al reconocer en voz alta sus errores técnicos y sus fallas de juicio.

Y en el tiempo que queda, que su discípulo aprenda siempre algo nuevo, que lo integre con lo que ya sabe, que lo fije con ejercicios nemotécnicos y con participación grupal de juego con los temas. Que si detecta un sabio en clase, le enseñe a enseñarle a su compañero ignorante y así no se aburra; que parta la clase en dos: entre los que no saben para ser enseñados por los que saben. Que cariñosa y lúdicamente enseñe a confraternizar y a fijar contenidos.

Todo esto en un proceso pero también en un instante, en toda hora pedagógica y a cada momento del recreo. Si un pedagogo es así, se ganará la confianza y el respeto. La autoridad que tanto anhela tener, le es entregada por parte de su educando en un acto de admiración y cariño. Y lo más bello, su pupilo se va a identificar con su postura integrada y justa ante la vida y lo va a convertir en su paradigma de identificación, máxima pretensión del acto educativo.

* Especialista en adolescentes. Director de la Fundación Colombiana de Sicoterapia Infantil.