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NO SE HIZO UNA ADUANA PARA ÁNGELES

Al parecer hay voces que reclaman la existencia de la vieja aduana y le echan la culpa del contrabando a la supuesta ingenuidad de la reforma aduanera de 1992, la cual denominan una reforma para ángeles , a la vez que creen encontrar la solución en la separación de la Dian.

30 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Antes de emitir un juicio, es conveniente refrescar la memoria del país y analizar dos aspectos: la reforma y la fusión y su administración.

La vieja aduana era uno de los obstáculos más grandes para el desarrollo económico. Los trámites y la corrupción constituían un para-arancel administrativo, que se estimaba en un 15 por ciento del valor de las importaciones.

La Aduana era calificada como la entidad más corrupta del Estado, el 30 por ciento de los investigados por la Procuraduría por enriquecimiento ilícito, eran aduaneros. Los trámites demoraban entre veinte días y tres meses, dependiendo de la cantidad de dinero que se pagara para agilizarlas. La justicia penal aduanera en veinte años no había logrado poner en la cárcel a más de dos personas.

Las bodegas y almacenes de la Aduana eran una cueva de Rolando, las mercancías se perdían, cambiaban o simplemente se deterioraban por el desgreño administrativo. El contrabando se extendía y cubría no sólo las regiones aisladas, sino que penetraba cada vez más en los centros urbanos y aún se constituía en una práctica que empezaba a ser generalizada entre los empresarios y comerciantes.

Era necesaria La necesidad de la reforma era inminente, el país tenía que adecuarse a la internacionalización de la economía, modernizar el aparato estatal y en particular la Aduana. Cuatro aspectos vale destacar en la reforma: 1. Reducción de aranceles y eliminación del impuesto a las importaciones.

2. Agilización de trámites, autoliquidación de impuestos y pago en bancos.

3. La importación se realiza a través de depósitos privados.

4. Se consagra un sistema de control integral, que multiplicó por tres los anteriores: Control previo: para frenar la entrada del contrabando, mediante un régimen de choque; control operativo: en el trámite de la importación se adaptó el sistema informático de las Naciones Unidas (Sidunea), que permite seleccionar las mercancías para inspección en el porcentaje que se requiera, bien sea por origen, país de procedencia, posición arancelaria, tipo de importador, etc.

Control posterior a la operación de comercio exterior: mediante procesos de investigación económica y contable con base en información y cruce de bancos, cuentas, ingresos por ventas y costos por importaciones, y se determinan así las infracciones aduaneras.

Los efectos de esta reforma fueron evidente en 1993: se agilizaron las importaciones, demorándose en promedio un día. Se depuró la Aduana y desapareció el costo de la corrupción y de los dilatados trámites. Se incrementó el cumplimiento aduanero, hasta el punto de crecer 79 por ciento, a pesar de la reducción de los gravámenes. El recaudo es el termómetro indiscutible para medir el cumplimiento aduanero y el aumento o disminución del contrabando.

En las encuestas de este crecimiento hay factores que suman, como el aumento del IVA, el incremento de las importaciones y el peso de los vehículos en las mismas. Hay también factores que restan, como la eliminación del impuesto a las importaciones, la disminución de los aranceles, la desgravación con países del Pacto Andino.

Por encima de estas cuentas, el resultado es un incremento del 20 por ciento imputable al saneamiento logrado con el nuevo modelo. Aspectos que incluso fueron evaluados por una misión del Banco Mundial en 1993.

Fusión y administración En el nuevo esquema económico, la función de las Administraciones de Impuestos y la de Aduanas, tenían la misma naturaleza: controlar la operación económico-fiscal y garantizar el pago de los tributos; la fusión de las Administraciones facilitaría un control integrado, de la totalidad de la operación económica, que podía ser más eficiente si se administraba adecuadamente.

Los procesos de fusión se constituyen en una tendencia a nivel internacional. Basta señalar en América los casos de México, Brasil, Canadá y recientemente Venezuela y Honduras; en Europa, Holanda y hace poco España.

La fusión se realizó en junio de 1993, pero tuvo una debilidad inicial ya que no contó con buena parte de la cúpula superior de los equipos que estaban al frente de la Dirección de Impuestos y de la Dirección de Aduanas.

En lugar de consolidar el proceso, la situación se agravó, ya que el primer director nombrado por el actual Ministro al frente de la Dian, no tenía experiencia en el sector y muchos presumían que era parte de la repartición de las cuotas políticas, lo cual rompía veinte años de tradición técnica en la parte hacendaria.

Para resolver los asuntos aduaneros se nombró en la subdirección operativa de la Aduana a un funcionario de la Registraduría, se cambiaron jefes regionales para remplazarlos por ex gerentes de beneficencia y loterías y así con cientos de nombramientos.

La crisis administrativa y de control se hizo evidente y a ello se agregaron los escándalos por corrupción administrativa. Sin embargo la propia Dian está demostrado que para ser eficiente en materia aduanera hay que tener la voluntad y la decisión política; actualmente ha tendido un cerco a los sanandresitos de Medellín y los va a obligar a legalizarse. igualmente ha demostrado que puede cerrar establecimientos con la simple constatación de omisión de facturas. Por ello, queda demostrado que para controlar el contrabando no se depende de reformas legales sino de la decisión política y la capacidad administrativa.

Un nuevo reto Por fortuna, la crisis de la administración llegó a fondo y obligó a buscar un nuevo director, técnico y con experiencia en el sector, el doctor Horacio Ayala. Le corresponde a él sacar adelante la administración y definir si se separa la Dian, para iniciar nuevamente el proceso, o si se especializan las funciones, se administra y controla eficientemente el contrabando.

En estas condiciones es necesario reconocer la responsabilidad administrativa, y no trasladar la culpa a una reforma, que cumplió un papel fundamental en la modernización de la economía. No es posible siquiera hoy pensar, cuánto perdería la economía y cuántas oportunidades se habrían negado de mantenerse el viejo esquema aduanero, no se puede dejar disculpas para que se levante la contrarreforma.

De otra parte, no podemos pensar como el marido, que al saber que su mujer lo engaña en el sofá, en este caso mandaría a partir el sofá en dos butacas, creyendo que así ya no habrá espacio para que lo engañe su mujer. La solución es una administración eficiente.

Después de refrescar la memoria, y para poder encontrar las soluciones, queremos recordarle al señor Ministro de Hacienda que un sistema tributario-aduanero vale lo que valga su administración y preguntamos con todo el país, si el problema fue que se hizo una reforma de ángeles o si por el contrario, se había mandado al diablo su administración?