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SE RETIRA

Cuando el Rey de España, don Alfonso XIII, se enfrentó a los republicanos ganó las elecciones generales, es cierto, pero perdió casi todas las capitales y el monarca, en un gesto de patriotismo, abdicó y expresó que no podía gobernar en estas condiciones. Es una verdad política que afronta, años más tarde, el presidente Felipe González, quien en nombre del socialismo viene gobernando desde hace muchos años. El socialismo, desde luego con menos duración en el poder que la monarquía, repite el dilema planteado por Alfonso XIII. Puede Felipe González seguir en la cabeza del gobierno no sólo habiendo perdido, sino sufriendo fuertes derrotas en casi todas las capitales españolas?

30 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Ha dicho que no se retira sino cuando termine su mandato. Algo muy similar a lo que le sucedió a Miterrand, quien debió terminar sus días como presidente de Francia compartiendo el mando con un representante de centro derecha. La historia se repite y ahora en España las votaciones de los derechistas fueron muy importantes, aunque no alcanzaron el nivel que predecían los expertos. Sin embargo, la presión para el retiro de Felipe González va a ser muy grande y muy difíciles los días del gobierno que debe terminar en 1996.

Con la victoria de Aznar, el paso al poder está inexorablemente dado en corto o mediano plazo. Los derechistas vuelven a recuperar el dominio popular español y si no es desde luego un estertor franquista, sí cambia el panorama de la madre patria y reafirma ese sentimiento de centro derecha que está dominando en todo el mundo.

Ocurrió un caso singular en estas elecciones, en las que se escogía, entre otras cosas, a los alcaldes. Una de las regiones más derechistas, La Coruña, eligió a un alcalde cuya filiación política es de izquierda. Ha sido un magnífico administrador y esta hermosa ciudad podría ponerse como ejemplo de progreso y con un excelente mandatario. La Coruña, donde el franquismo aún tiene fuertes raíces y cuyos habitantes son abrumadoramente de derecha, sigue fiel a su conductor de izquierda. Esto es prueba, muy significativa, de que la buena administración se puede imponer a consideraciones políticas.

Aznar se consolida como el hombre importante de España. No se puede olvidar la condición de gobernante y la férrea voluntad de Felipe González. Cuando fue elegido en 1982 por una gran mayoría, se dudaba de su capacidad administradora. Hoy, presto a abandonar el poder, la opinión lo respeta y lo admira. Al igual que Miterrand, dejará la presidencia en alto y con dignidad, pese a los grandes escándalos y la corrupción que tumbó al partido socialista.

Felipe González no desaparece de la escena. En pocos años volveremos a oír de él y no es imposible que torne a conquistar, con los socialistas y cuando el péndulo de la historia esté cambiando, el poder de su país.