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CRÓNICAS DE CAMINANTE

Segunda parte Linda mañana de sol fue el comienzo de la segunda jornada. Después de desayuno, misa y ejercicios, comenzamos a andar. Una pequeña cuesta para llegar a lo que fue la estación del ferrocarril, que aún espera el último tren...Por entre más guayabos y arrayanes subimos empinada cuesta, recorriendo varias veredas por las cuales salimos de Santander para regresarnos nuevamente a Boyacá: Alto Cantano, Capilla, Urumal...

26 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

En esta ocasión me convertí en la sombra de Alfonsito. El andar en su compañía enriquece mucho, pues su bagaje de conocimientos históricos y de la naturaleza, lo convierten en el mejor maestro que puede uno tener en la caminata. Especialmente, hoy que vamos rumbo a su pueblo natal. Donde cada paso para él es revivir los años de su infancia, en los que recorrió estas veredas una y mil veces, cumpliendo tareas emcomendadas por su padre: Llevando bueyes y caballos, en búsqueda de mejores pastos. Recibiendo parientes que llegaban en el tren...En fin, aspirando aromas de frescura campesina y madurando en su mente ambiciosos proyectos que más tarde realizó. Me enseña a distinguir las plantas: Guane, Rodamontes, Verbena, Venturosa, Gaque, Laurel, Siete Cueros...

Conoce los sitios como si fuera a los rincones de su casa. Evoca recuerdos: Aquí había un puente con barandas de madera y techo en teja de barro, para cruzar esta quebrada ... Hoy pasamos haciendo acrobacias sobre viejos troncos, sobrantes de las ruina.

Desde un cuchilla podemos ver nuevamente un amplio horizonte: Abajo el valle de Sorocotá, donde el imperio de los Chibchas limitada con el de los Guanes. Escenario de trueque entre estas dos naciones: Oro por sal y esmeraldas; mantas de algodón por vasijas de cerámica... hasta que la expedición de don Gonzalo Jiménez cruzó este valle, conquistando nuevas tierras y riquezas para el reino español. A lo lejos otra vez Vélez, Moniquirá, Puente Nacional, Jesús María...Cuando subíamos, encontramos una casa a la orilla del camino de la que brotaba irresistible olor a amasijo recién horneado. Las amables señoras que amasaron y hornearon estas almojábanas y colaciones, nos vendieron buena parte de la producción que se disponían a empacar para llevar al pueblo. No pudo ser más oportuno nuestro paso por aquel lugar, pues nos deleitamos con estos deliciosos bocados.

Alrededor del medio día, llegamos al Alto Mazamorral el cual está coronado por un modesto rancho en el que una bella y joven pareja de campesinos de buena raza y figura, Segundo Silvestre Contreras y Anita Malagón, nos recibieron con gran hospitalidad y almorzamos en aquel lugar. Dos niños muy lindos y limpios, hijos de la pareja anfitriona, nos hacían cocos por las rendijas les averigué sus nombres: John Alexander y Adriana Marcela. Sus ojos brillantes y su piel rosada dejaban ver salud y buena crianza.

Continuamos nuestro camino, aveces en descenso, a veces en travesía. La vegetación comienza a variar, cada vez es más escasa, menos exhuberante y síntomas de aridez vamos observando a medida que avanzamos.

EL cielo se encapota de lado y lado y creemos ser afortunados de caminar en medio de las tormentas. Esta dicha no duró mucho, porque finalmente recibimos nuestra buena dosis de agua... Bajo la lluvia caminamos muchos kiómetros hasta que nos acercamos lentamente a Santa Sofía.

Alfonsito continúa evocando épocas pasadas... Una aldea donde inicialmente estuvo asentado, el que hoy es su pueblo. Se llamaba Guatoque Viejo . Unos parroquianos reconocen a nuestro Director y lo saludan con gran efusividad y cariño. Como es domingo, estos amigos tiene unas cuantas polas , en su humanidad, lo que les aumenta simpatía y euforia. Seguimos cruzándonos con campesinos de la región que regresan a sus parcelas después del día de mercado. Seguramente vendieron frutos de su tierra y regresan con otro tipo de bienes: víveres, enseres etc. -Esa es la vida del campo!.

A las cinco y media de la tarde entramos a Santa Sofía. Pueblo de escasas cuadras pero de mucho calor humano y hospitalidad. Por el altoparlante oímos un emocionado saludo que nos dan a los caminanates que esta mañana salieron de Aguablanca ... -Cómo rinde un día cuando se utiliza recorriendo el campo!. La casa d una hermana de Alfonsito, en el marco del parque, es el sitio de encuentro. Allí vamos llegando embarrados, sudorosos, pero habiendo agregado muchísimos tesoros al morral de las vivencias y de las cosas gratas. Compañeros caminantes, que como el Director, tienen raíces profundas en esta región que la conocen y quieren intensamenete, fueron importantes colaboradores con el cronista que hoy registra en estas líneas una experiencia inolvidable. Ellos son: Alberto Niño, Luis Alfonso Millares y José Cabanzo.

Después de degustar un exquisito tinto, endulzado con panela, ofrecido generosamente por la señora Aura Soledad, abordamos el bus ya siendo noche para iniciar el regreso. Parada técnica en Sutamarchán, con su correspondiente provisión de longaniza y papa criolla. Tomamos la carretera de Chiquinquirá llegando a Bogotá pasadas las diez de la noche.