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LOS CARASUCIAS SONRÍEN

Mi mamá se murió de cáncer hace siete años y desde entonces mi papá nos abandonó , cuenta Jaime Darío, quien tiene 13 años y vive en el barrio Santa Bárbara. A mi me provoca llevarme a mi mamá y ayudarla a salir adelante , es el anhelo de Jorge Armando, vecino del barrio Santa Bárbara, que no oculta la rabia que le producen los maltratos que continuamente les prodiga su padre.

26 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Segundo Miguel El sute , de 12 años, que cuando grande quiere ser policía porque es más mejor , no vive con su mamá porque le pega mucho.

Ciro Antonio, Aquilino y Carlos Julio Calciche , son tres hermanos que los martes van al mercado de Sogamoso a pedir comida para llevar a la casa porque nosotros semos muy pobres y mi mamá no trabaja , según dijo Caliche , el mayor de ellos. Su padre está recién salido de la cárcel.

Lina María, de 15 años, residente con su mamá y cinco hermanos más en el barrio Universitario, desde hace un año. Ella, que acompañaba a su padre cuando lo mataron en una tienda del barrio Lucero de Bogotá, hace cinco años, está dedicada a reciclar cartones porque a mi mamita no le alcanza la plata que gana reciclando .

Vampi , como popularmente es conocido entre la gallada callejera un chico de apenas ocho años, se salió de la casa porque le pegaban mucho. El pasa las noches en uno de los andenes del marco de la Plaza de la Villa y la comida diaria se la levanta mendigando. Hoy sus padres están separados.

Wilson El calvo , oriundo de Bogotá, tiene 10 años. Antes de llegar a Sogamoso vivió en Miraflores. Confiesa que abandonó su casa porque su mamá no le daba de comer, pero sí lo golpeaba frecuentemente. También vive de la mendicidad.

En estos dramas se resume el de tantos niños que en Sogamoso se tomaron las calles como su vivienda propia o el lugar donde buscan ganarle la diaria pelea al hambre y a las necesidades familiares. Allí, la mayoría de ellos, sin quitarle nada a nadie, imploran la caridad y siempre encuentran una respuesta. Muchos de estos carasucias se han ganado la amistad entre los dueños de negocios o asiduos transeúntes de las calles. Sin embargo, hay quienes los ven y los tratan con desagrado, con asco.

Con cerca de 20 niños, entre ellos tres mujercitas recién llegadas al grupo, trabaja en Sogamoso la Policía de Menores. Esa labor se encomendó a Ricardo Alexánder Pérez Sánchez y Fabio Giovanny Aguirre, dos bachilleres egresados del Colegio Nacional de Bachillerato Técnico Gustavo Jiménez , en 1994, y que ahora prestan su servicio militar en la Policía.

Hace cinco meses fueron seleccionados para ocuparse de los niños de la calle. Los dos jóvenes bachilleres salieron a recorrer la ciudad, los parques y los restaurantes, y los fueron encontrando. Hoy tiene 60 hojas de vida, con todos los datos personales de cada uno de ellos, pero solo han logrado que 20 de ellos atiendan las invitaciones que les han extendido para hacerlos sus amigos, para participar en las diferentes actividades que continuamente les están programando.

Policías amigos Al principio el encuentro de los niños con los dos policías bachilleres no fue fácil. Aquellos no acudían a las citas que éstos les fijaban, por el contrario, huían, salían corriendo. Ahora, llegan en bandada. Cuando hay reunión, con uno que sepa los restantes llegan. Y así, el mundo de estos pequeñines paulatinamente comenzó a cambiar. Aguirre y Pérez son sus amigos, sus confidentes, casi que sus hermanos o sus padres. Y éstos atienden y responden a cada petición: Aguirre, Caliche me jode mucho , oiga, Pérez, quiero gaseosa . Los dos jóvenes policías les tienen toda la paciencia del mundo porque estos seres, según opinan, son dignos de un mejor destino. Y su actitud han despertado el cariño y aprecio de estos corazones infantiles: Aguirre y Pérez son muy buenas papas, nos quieren y nosotros también , dijo Daniel Arturo, de 8 años.

Para los niños de la calle ahora hay un sitio de reunión, es el mismo cuartel de la Zona Sexta de Policía. Con toda su algarabía se acomodan en el casino a ver televisión y a tomar gaseosa que les ofrecen sus dos protectores. Después, a la voz de -baño!, todos corren al parqueadero de la institución y allí se despojan de sus ropas y en calzoncillos se bañan el cuerpo. De vez en cuando reciben ropa usada, pero limpia y en buen estado, que los dos bachilleres policías recogen en campañas que adelantan por los barrios y almacenes. También hay zapatos para los más necesitados.

Cada mes disfrutan de una jornada de recreación, bien en las piscinas de Iza o en el Centro Recreacional de Comfaboy. Cada semana hay un día en que se les ofrecen onces, preparadas y servidas por Pérez y Aguirre.

Todo esto lo hacemos para que ellos vivan algo de su niñez , dijo Fabio Giovanny Aguirre. También los aconsejamos y les mostramos los peligros de los vicios , apuntó Ricardo Alexánder Pérez Sánchez. Y ya les tienen preparadas otras actividades. La más inmediata será un concurso de pintura. Para ello buscan los premios y los elementos que estos niños requieren para dibujar.

Con los indigentes Los policías bachilleres Aguirre y Pérez también se ocupan de los indigentes. Cada mes salen a las calles y los recogen para darles un día de alegría.

El pasado miércoles 17 de mayo, reunieron a Camilo, Okey, Jerry y Mauricio, a quienes bañaron, peluquearon y ofrecieron onces.

+Cierto que nosotros no somos locos? , fue la pregunta que hizo Camilo y que sorprendió a sus protectores.

Con una sede propia y la vinculación de varias entidades de servicio social podríamos hacer un trabajo más permanente , dijo el teniente Wilches, quien coordina el trabajo de los policías bachilleres.