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CAJAS DE CONVERSIÓN, LA NUEVA ALTERNATIVA

Cobrarle la inflación a los Bancos Centrales y a los gobiernos gastones e intervencionistas en el manejo monetario de los países, es lo que está de moda en Latinoamérica, particularmente en la Argentina, Perú, México, Bolivia y Nicaragua, y de seguro dentro de poco sucederá en Venezuela y posiblemente en Colombia.

29 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Todos estos países han emprendido agresivas reformas constitucionales, despojando a los gobernantes de la política de soberanía monetaria del Estado con la que se les permitía emitir dinero sin respaldo para financiar proyectos sin presupuesto o compromisos políticos, lo que causó años de devastadores hiperinflaciones como ocurrió en la Argentina, Brasil, Perú y Bolivia.

Hoy se ha obligado a los gobernantes a ajustarse a la nueva política; la de la de la Moneda Sana, de recientes aplicación en Colombia a raíz de la Asamblea Constituyente de 1991, por la que es obligación Constitucional conservar el poder adquisitivo de nuestra moneda mediante el control inflacionario.

Sin embargo, la política de la Moneda Sana aparentemente no es suficiente para controlar la inflación, por lo que se ha puesto en cintura a los bancos centrales, limitándoles su papel al de actuar a manera de Cajas de Conversión de una moneda por otra.

Recordemos que por lo general los bancos centrales y en nuestro caso el Banco de la República tenía cuatro funciones. Primero ser el banco emisor, ya de por sí un concepto peligroso, la segunda ser el guardián de las reservas internacionales, la tercera ser el banco de bancos, descontando documentos comerciales, industriales y financieros, y la cuarta es la de ser el banco del Estado, y en consecuencia, el principal receptor de los depósitos estatales y proveedor de créditos al mismo, éste último concepto no menos peligrosos que el primero.

Es así como estas dos funciones de los bancos centrales; la de emitir dinero y la de ser el prestamista del Estado, han sido las causantes del desparpajo monetario y de las enormes inflaciones Latinoamericanas, porque para gobernantes poco duchos en materia económica nada mejor que tener su propia máquina de hacer billetes, obtener el crédito que desean para pagar sus cuotas de poder, su burocracia y demás embelecos, aún sus buenas intenciones sociales.

Conscientes de esto, los legisladores con muy buen criterio han independizado a los bancos centrales del gobierno de turno permitiéndoles total y absoluta libertad de acción en materia monetaria y cambiaria y por decirlo de alguna manera, ser un cuarto poder.

Menos poder No obstante crear un cuarto poder también puede acarrear graves peligros, en especial cuando se trata de manejar la política monetaria de un país, por lo que se les han limitado aún más las funciones a los bancos centrales reduciéndolos a ser Cajas de Conversión, lo que aparentemente ha tenido buenos resultados en la Argentina y Bolivia, si de controlar la inflación se trata y de conservar el poder adquisitivo de la moneda, pero igualmente una dependencia externa de tipo colonial que para muchos va en contra de la soberanía de los países.

El resucitador del concepto de Caja de Conversión, ya que existían en las colonias francesas e inglesas, antes de la Segunda Guerra Mundial, es el señor Steve Hanke, profesor de la Universidad de Johns Hopkins, quien asesoró a La Argentina, Estonia y Lituania en su reformas cambiarias y está haciendo estudios en el mismo camino en Venezuela.

Bajo el sistema de Caja de Conversión toda la moneda local es respaldada plenamente por divisas a un tipo de cambio fijo. Así por ejemplo, bajo éste esquema se emitiría una moneda, por ejemplo el peso dólar con un valor igual al del dólar, es decir, de unos 850 pesos de hoy, y solo podría existir la misma cantidad de pesos dólar que tengamos respaldados en reservas internacionales, esto es unos 8.000 millones de dólares.

Se llama entonces Caja de Conversión por cuanto todos tendríamos que llevar 850 pesos al Banco Central para que nos den un nuevo peso dólar, lo que significa recoger mucho circulante y esto controla la inflación y le devuelve el poder adquisitivo a nuestra moneda.

El Banco Central se limita sólo a eso, a ser Caja de Conversión, en nuestro caso de pesos a dólares o de dólares a pesos, como ocurre en la Argentina, perdiendo sus demás funciones, en especial, la de ser emisor (sin respaldo) y la de ser el prestamista del Estado. No interviene en las operaciones de mercado abierto emitiendo papeles ni controlando las tasas de interés. Tampoco se requiere de instrumentos monetarios como el encaje, no puede haber control cambiario y hay libre convertibilidad.

Fin de la inflación? Lo bueno de todo esto está en que se acaban las devaluaciones y se controla mucho, aun cuando no del todo, la inflación. Hay una total ausencia de trabas políticas a la autorregulación monetaria. Es decir, hay reglas claras de juego y plena confianza en el valor de la moneda. Por otra parte, la economía se ve obligada a recostarse en el sector externo ya que requiere generar divisas para poder emitir, lo que hace en la práctica inevitable subsidios a las exportaciones y que se impongan restricciones a las importaciones. Lo malo para muchos analistas es que se convierte en una camisa de fuerza peligrosa socialmente, ya que los gobiernos no pueden financiar sus excesos de gastos emitiendo billetes, ni mucho menos pidiéndole crédito al Banco Central. Tienen que controlar sus gastos, cosa peligrosa en países subdesarrollados que necesitan ciertas inversiones básicas con o sin ingresos fiscales, por lo que con Cajas de Conversión, el único camino es el de aumentar los impuestos lo que no gusta a las clases menos favorecidas y reducirse de tamaño privatizándose, cosa que tampoco gusta a la clase política, porque pierden poder y prebendas económicas.

Con las Cajas de Conversión también hay que cuidarse de la dependencia de los capitales especulativos que llegan al país atraídos por la ortodoxia económica y por las tasas de interés reales al no haber inflación, pero así como llegan se van y al irse hay que endeudarse o emitir para reponerlos, esto último bien peligroso porque se vuelve a emitir sin respaldo, proceso inflacionario como sucedió en México.

Se piensa que las Cajas de Conversión son un regresar al Colonialismo y perder la soberanía, no porque fuera utilizadas en las Colonias inglesas y francesas en el siglo pasado, sino por la dependencia de la divisa extranjera, en nuestro caso del dólar, ya que si el dólar pierde valor, también nuestra moneda y vemos cómo la pérdida del valor del dólar es estratégica para los Estados Unidos, los favorecen en su comercio con Europa y Japón pero no a quienes dependan de él.

Ahora, en Venezuela En principio, si partimos de una política económica de control del déficit fiscal, de fomento a las exportaciones e inserción en la economía internacional, de reducir el tamaño del Estado y de limitar los capitales extranjeros de corto plazo no deberíamos tener temor con el esquema de Caja de Conversión.

En Venezuela se está estudiando esta alternativa como medio para controlar la inflación y es segura su aplicación si la misma supera el 70 por ciento. Esto traería una revaluación del Bolívar lo que favorecerá momentáneamente a Colombia en su comercio con Venezuela, pero en un muy corto plazo la capacidad de producción venezolana la pondría en mejor posición competitiva.

En Colombia es factible la Caja de Conversión, pero dudo que exista la voluntad política de hacerlo cuando estamos embarcados en un programa social que el Gobierno se comprometió a cumplir así sea con un razonable déficit fiscal, lo que imposibilita de todas maneras la Caja de Conversión.

Controlar rápidamente la inflación es posible como vemos, sin afectar a las exportaciones y sin intervenir en el mercado financiero, pero el costo político es grande. Hace falta valor para hacerlo y mucha voluntad política. Esperemos que si el presidente Samper no logra controlar la inflación, la Caja de Conversión sea un plan de Gobierno, así sea para dentro de tres años.

(*) Presidente de Legis Venezuela