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CUANDO PASA LA RUEDA DEL INFORTUNIO

Que esté un grupo de muchachos estacionado en un carro, celebrando la vida con la alegre charla de su juventud, en la madrugada de un sábado, para que de súbito un bólido sin control los embista y proyecte por los aires rumbo a la muerte, es un episodio absurdo que rompe el ritmo vital a toda una gran familia de ardorosos corazones esperanzados.

29 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

Es que llevaba el timón de la conversación, instantáneamente es retirado del mundo, una pareja de esposos se rompe la cara y todos los huesos, la perrita de Raquel ladra por última vez en el aire de la mañana y se pierde para siempre, el novio de Raquel queda descerebrado y muere más tarde, la belleza de Raquelita se resquebraja ante el impacto que, a la vez, deja ciego al conductor de la catapulta.

Y el padre de Raquel, en la cima de la montaña, continúa laboriosamente dando forma a la obra de su vida, a esa novela a la que ha consagrado 12 años de superviviencia, y por la cual ha renunciado prácticamente, al mundo y sus ilusiones.

Lo comprendo, porque lo he padecido hasta ver sangrar el espíritu, el inenarrable dolor de contemplar a la hermosa hija adolescente desgarrada hasta el último tuétano en un accidente automovilístico. La madre sosteniéndole el alma con su reserva de fuerzas, los médicos luchando por salvarle la vida, intervenciones quirúrgicas de la cabeza a los pies, el suero haciendo su camino, los parientes y amigos acudiendo en un tropel mudo. Y la muerte, en la sala de espera tomando tinto.

Hemos de resignarnos a que estamos construidos para la muerte, pero no para la tragedia. Repugna hasta la blasfemia que apenas en botón se pierda una rosa. Hay que sacar de donde sea los ingredientes necesarios para que se opere el milagro. Uno de los triunfos más grandes sobre la tierra es arrebatarle a la muerte la presa que no es de ella sino de uno, así haya alcanzado a pegarle su dentellada.

Raca, Raquel, Raquelita, despierta; de este lado del mundo está el sol de la creación, así se haya apagado para tu novio y tu perrita. Están tus padres aterrados, los que crearon el mundo para tus pasos. Están el hervor del futuro y las fábricas de velitas para tus próximos cumpleaños.

Eduardito Escobar, estamos contigo. Amparito Oliveros, de esta prueba saldrás triunfante. La belleza de Raquel volverá a ser de este mundo, para gozo y orgullo de quienes la hemos visto crecer desplegando aroma.

Luis Ernesto Valencia, el hijo del Monje, el profeta Gonzalo Arango, la poetisa María de las Estrellas, amén de muchos de nuestros más cercanos amigos perecieron bajo las ruedas. Pareciera que el único movimiento capaz de acabar con el nadaísmo es el automovilismo.