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CUESTIÓN DE EMPLEO

Ha sido constante, y más en los últimos años, el desdén oficial por el Llano y por la Orinoquía en general. Es abandono en materia de recursos, como indiferencia por sus gentes. Ni en asuntos de elemental derecho como el petróleo y el agro, se tiene en cuenta a los llaneros, que nunca tienen asiento en juntas directivas, ni menos en altos cargos, ni en decisiones políticas sobre tales materias. La inversión es más por imperiosa necesidad que por atención a una región, a la cual sólo llegan las transferencias de ley.

16 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

El Gobierno Samper no varió los manejos para el Llano; es decir, el abandono sigue igual, como también el desperdicio de los talentos de la región. La Orinoquía en general continúa la margen de los asuntos que le son propios, pues se carece de protagonismo en temas como fronteras, petróleo, y en problemas de la violencia y el narcocultivo.

Pero, para atender esos problemas, el Gobierno designó hace meses dos consejerías, que han sido tan inanes como ineficaces, significativas sólo porque con ellas se satisfacen intereses individuales, pero en materia de funcionalidad no tienen resultados prácticos. Es más, ni siquiera juegan el papel fácil de hacer propuestas o sugerencias que por le menos legitimen su burocratismo, en ausencia de una estructura funcional y operativa.

En la primera consejería se nombró al doctor Juan Alfonso Latorre, de innegables pergaminos, pero sin medios de trabajo. Ejerce, claro que en teoría, funciones formales y paralelas a las del Corpes. Su radicación en la capital explica la razón de su nombramiento, como postrero reconocimiento y retribución al acendrado samperismo de su padre.

En la otra consejería, para la sustitución de cultivos ilegales se nombró a Héctor Moreno Reyes, boyacense radicado en Tunja; experto en Aeronáutica, sin trayectoria en la región y sin conocimiento de su geografía. Nadie puede entender su papel ni hay resultados que sean producto de sus recomendaciones o de su gestión. Por el contrario, la despiadada y generalizada fumigación sobre la coca, sin que exista una sola mata de agricultura alternativa, indica que la consejería no juega ningún papel, o que su titular sigue en las nubes, habida consideración de su trayectoria como aeronavegante.

Las consejerías dieron resultado; las generalizó el gobierno anterior para el manejo de asuntos específicos y locales, en Urabá y Medellín, pero tuvieron arraigo; los consejeros se radicaron en el centro del problema y desde allí formularon recomendaciones, concretaron soluciones, fueron interlocutores de las gentes, intérpretes de sus necesidades.

Las consejerías del Llano, las que mencionamos, no tienen justificación en Bogotá y Tunja, ni la última admite reconocimientos de méritos de ninguna especie porque su titular es ajeno a la región, ignorante absoluto de sus problemas. No aterriza. Las consejerías de Samper sólo cumplen formalismos; son más de glamour y de etiqueta, sólo sirven para ambientar reuniones, clausurar encuentros y asistir a uno que otro acto social; nunca están con los agricultores o los colonos tratando sus problemas; no transmiten inquietudes porque al vivir lejos del medio, no perciben las dificultades, ni lideran un proceso serio y viable de desarrollo, o de sustitución de cultivos ilícitos.

El doctor Juan Alfonso Latorre debería, por dignidad, renunciar; radicarse en el llano y estar a la vanguardia de la inconformidad regional. o terminará señalado, con el otro consejero, como los funcionarios de la distracción y del contentillo presidencial.