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ABNEGADA O ESCLAVA

Veamos a nuestra madre abnegada llegar a casa cansada del trabajo directo a la cocina porque el presupuesto para una ayudante se quedó en los muebles nuevos. Su hija adolescente habla tranquilamente por teléfono mientras el hermanito ve su programa favorito de televisión.

09 de mayo 1995 , 12:00 a.m.

En un dos por tres prepara algo delicioso como toda mujer moderna lo hace y sale a recoger el desorden que han dejado los niños en la en la sala, les alcanza juguito y les dice que en un momento sirve la comida. Todo listo para recibir al esposo que llega malhumorado. Por fin suelta el teléfono la muchachita y entra la llamada de la suegra para preguntar si su hijito ya comió y de pasadita pedirle el favor de traerle unos encarguitos. Mientras su familia come tranquila, pone a funcionar la lavadora, alista los uniformes y aspira la sala. Vuelve a la cocina para ver que su comida fría ya no le apetece. Para no perder el tiempo lustra los zapatos del maridito y de los hijos. Recoge el reguero y deja la cocina impecable. Con la cabeza a punto de estallar se dirige al guardarropa, afortunadamente no hay muchas opciones para vestirse al día siguiente porque siempre compra ropa para él y para los niños olvidándose de comprar algo para ella. Al día siguiente madruga a las cuatro de la mañana para hacer el desayuno, adelantar el almuerzo y despachar los niños al colegio. Los fines de semana viene el aseo general mientras los hijos y el esposo salen con sus amigos a divertirse. Y así transcurre su vida en un torbellino de tediosas pesadas e incesantes responsabilidades sin pedir ayuda a su familia porque los ama mucho. Aunque resulte difícil creerlo aún quedan muchas mujeres que no descansan ni en vacaciones y en aras del amor se olvidan de si mismas, no tienen vida propia y viven en función de los demás. Con el tiempo y sin darse cuenta estas mamás y esposas abnegadas se ven reducidas a un cero a la izquierda porque nadie ni siquiera los hijos aprecia ni valora todos sus sacrificios.

A estas alturas está mamá tan especial no se ha dado cuenta del mal que no solo le está haciendo a la familia al no involucrarla en las responsabilidades hogareñas, sino que se está haciendo así misma ya que tanta presión puede amilanar su salud.

Lo más probable es que no tenga muchas energías para un cambio brusco. Pero todo tiene su solución y poco a poco con mucha perseverancia logrará llevar una vida más amable. Reúnase con su familia y expréseles que está agotada, que necesita una manito. Los niños por ejemplo no les cuesta nada tender su propia cama, ayudar a lavar la loza, ayudar con el aseo y su esposo si le pide con cariño que ayude a alistar su propia ropa, que no deje tanto desorden y que de vez en cuando la invite al restaurante, no le dirá que no. Si no exige todos se harán los de la vista gorda y descargarán en usted todas sus responsabilidades.

NUNCA ES TARDE! Usted no tiene que renunciar a su propio yo para probarle amor y lealtad a sus seres queridos. Que mejor que tener una familia unida donde todos colaboran y son considerados.

-Empiece dándose pequeños gustos, incluya en el menú familiar platos que no sólo gusten a los demás sino que también le gusten a usted.

-Deje que su esposo e hijos le ayuden.

-Aparte tiempo para usted misma y disfrútelo.

- Compre ese vestido bonito que tanto quiere.

-Sea fiel consigo misma no trate de ser como su tatarabuela, recuerde que ella vivió en otro entorno.

- Por muy malas pulgas que sea su esposo piérdale el miedo. No piense que si le pide ayuda la va abandonar.

-Diga siempre lo que siente, recuerde que sin diálogo no hay felicidad ni compresión.

-Mantenga su identidad, cultive otros intereses, tenga sus amigas, lea libros que le gusten y si es posible dése una vacaciones sola.

-Exprese su afecto por su familia, pero no tenga miedo de pelear si es necesario.

-Busque un soporte emocional para hablar de sus preocupaciones y angustias, ya sea con una amiga, con el sacerdote del barrio y porque no con su propio esposo.